Liberalismo, van tres
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Liberalismo, van tres

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Liberalismo, van tres

09/08/2018

El primer intento liberal, la Ilustración, dotó de dignidad a los ciudadanos que producían riqueza y se quedaban con parte de ella (ver trilogía burguesa de D. McCloskey). Aunque en ocasiones anteriores podemos encontrar momentos en los que algo parecido ocurría (era legítimo para una persona acumular riqueza sin ser parte del poder terrenal o espiritual), no ha sido la norma en las sociedades humanas. Es posible documentar algo parecido en el periodo Helénico (de 326 a 44 a.C.) en la zona del Mediterráneo, por ejemplo. Tal vez podamos incluir algunos momentos en el inicio del Islam (hacia el siglo IX). Agrego el caso de las Repúblicas Italianas del siglo XIV y de la región de la Hansa poco después. Si tiene usted algún otro caso, se lo agradeceré.

La Ilustración es interesante porque no sólo tiene un efecto inmediato, sino que deja semillas duraderas. Ese cambio de visión del mundo, iniciado en Países Bajos, logra trasladarse a Inglaterra con la Revolución Gloriosa (1688), y sobrevive ahí a los tiempos del Romanticismo continental. Por eso puede regresar con más fuerza en el segundo intento liberal, que creo que podemos fechar en 1848. A partir de entonces, hay una explosión de conocimiento, pero también de producción de riqueza, centrada originalmente en Gran Bretaña, pero muy rápidamente extendida a Francia, Alemania, Estados Unidos, y a inicios del siglo XX a los países nórdicos.

La nueva época oscura ocupó casi toda Europa, pero tanto en Gran Bretaña (que entonces incluía Canadá, Australia y Nueva Zelanda) como en Estados Unidos, el liberalismo logró sobrevivir, si bien transformado (enriquecido) con el estado de bienestar. En el tercero y más reciente intento, el liberalismo debió limitar los excesos de dicho estado de bienestar y ampliar su extensión a todo el planeta. No logró mucho en América Latina, como usted sabe, porque el peso del pasado en esta región es abrumador. Tuvo más éxito en Asia, especialmente en Japón, Corea y China, y de ahí el ejemplo se ha extendido a Vietnam, India, Indonesia y otros. En aquella parte del mundo, les ha gustado sumarse a la visión individual en lo económico, pero no tanto en lo político. La democracia no ha logrado extenderse tanto. Pero en materia económica, el avance de Asia es espectacular y, por ello, los últimos 35 años han sido los mejores en incremento del bienestar humano.

Si quiere ver los tres intentos desde una perspectiva más económica, el primero corresponde al ascenso de lo que se ha dado en llamar capitalismo comercial; el segundo, al capitalismo industrial (incluyendo al patrón oro), y el tercero ha sido el de globalización financiera. Como es frecuente, cada uno sembró las semillas de su caída. En parte por la aparición de nuevas formas de comunicación, como hemos comentado (medios impresos, medios masivos, redes sociales), en parte por la creación de expectativas que dieron lugar al momento de decepción.

En esta última ocasión, la liberación de flujos de capital entre países, que inicia con el abandono de Bretton Woods, en 1971, es lo que permite la extensión a todo el planeta. Pero ese proceso, al ampliar la base de trabajadores, impide el crecimiento del salario en los lugares en donde ya existía. Precisamente por ello, mientras el mundo es cada vez menos desigual, en los países originales de la segunda etapa, la desigualdad sí ha crecido. Es curioso ver que la desigualdad que todo mundo dice que ha crecido, sólo lo ha hecho en países anglosajones. Ah, y en China, por razones totalmente distintas.

Está por verse si el liberalismo es capaz de sobrevivir y renacer en una cuarta ocasión. Como decíamos, no ha sido la norma en la historia humana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.