La herencia
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La herencia

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Opinión

La herencia

07/02/2018
Actualización 07/02/2018 - 13:07

El lunes, mi colega en la Escuela de Gobierno del Tec y destacado articulista de Reforma, Jesús Silva-Herzog, escribió un texto con la calidad acostumbrada, en el que evalúa de manera positiva la transformación de Andrés Manuel López Obrador. Ya no sería el dogmático de siempre, sino un oportunista que, por lo mismo, ha abierto el espacio en su partido a muy diversas formas de entender la política nacional. López Obrador respondió descalificando a Jesús, agregándolo a la mafia del poder, desde donde, entiende el líder político, se busca descarrilar su candidatura.

Creo que en algún momento debemos evaluar la herencia de López Obrador en la política nacional. Fue él quien rompió el proceso de apertura política que vivíamos en México desde 1996, porque rechazó aceptar su derrota en 2006. Derrota cerrada, pero limpia, como lo evidenció, también en Reforma, Germán Martínez Cázares, dirigente del PAN en 2009, elemento fundamental de la campaña de Felipe Calderón, a quien López Obrador ha buscado para ofrecerle espacio en caso de ganar la presidencia. ¿Por qué lo haría si en 2006 Germán habría sido parte del fraude? Y es que no hubo tal, sino una derrota producto de los excesos verbales de AMLO y su incapacidad de ampliar sus alianzas.

Pero el berrinche fue de tal magnitud que empezamos a cerrar las leyes desde entonces. La apertura que permitió entrar a la democracia empezó a desaparecer, para cuidar minutos y segundos en los medios, intervención de privados y, a partir de 2014, intervenir en las elecciones de cada uno de los estados. Hemos complicado la operación del IFE (hoy INE) a niveles absurdos. Y todo es herencia del berrinche.

Pero también hay que agregarle a la cuenta de AMLO la polarización. En esto no está solo. No cabe duda de que fue él quien dividió al mundo en dos partes: el pueblo bueno y la mafia del poder. Pero también recibió como respuesta el ser 'un peligro para México'. Esa polarización, que hoy podemos ver en países desarrollados, no puede llegar a buen puerto. Creo que por eso Silva-Herzog celebra la postura más plural y humorística de AMLO en estos días, pero éste no parece entenderlo.

Al petate del fraude y la promoción de la polarización, hay que agregar una actitud parlamentaria antisistémica, también promovida por AMLO. Tanto los partidos de su alianza en 2006 (Frente Amplio Progresista), como Morena en años recientes, se han dedicado a bloquear el funcionamiento de las cámaras en las que tienen representación. Sus votos no han alcanzado nunca 33 por ciento del total, de forma que no pueden impedir una votación en su contra y, por lo mismo, han optado por la toma de la tribuna, el bloqueo de las instalaciones y acciones similares propias de movimientos golpistas. Dicen que no es así, que ellos representan la dignidad del pueblo. No quisiera molestar a nadie, pero así exactamente fue como el Partido Nacional Socialista llegó al poder absoluto al inicio de los años treinta en Alemania: con menos de 33 por ciento y actitudes golpistas.

Como puede verse, la herencia de AMLO es deplorable, y eso es más notorio cuando vemos a los principales elementos en su partido: destacados Chavistas-Castristas, como Yeidckol, Díaz Polanco, Batres, que obtendrán puestos independientemente de lo que ocurra con AMLO. No sólo nos deja un ánimo popular antidemocrático (desconfianza en las elecciones, golpismo, polarización), sino un grupo de personas que encarnan esas creencias y tendrán fuerza política.

Aunque López Obrador no gane, como creo que ocurrirá, el daño que ha causado al país, que ya suma más de doce años, seguirá por un buen rato. Una verdadera lástima.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey .

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.