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23/01/2018
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Desafortunadamente, en la colaboración de ayer no se pudo dar al libro de Levitsky y Ziblatt, Cómo mueren las democracias, toda la atención que merece. Era importante cubrir la idea general del texto, pero merece un poco de tiempo el asunto de los exámenes acerca del potencial autoritarismo.

Esta prueba del riesgo autoritario tiene cuatro componentes, le decía. Primero, el rechazo a las reglas del juego democrático, que implica rechazo a la Constitución, sugerencia de medidas anticonstitucionales o de medios también fuera de la Constitución para realizar cambios, o el rechazo al reconocimiento del resultado electoral.

El segundo componente, la descalificación de la legitimidad del oponente, incluye la calificación del mismo como anticonstitucional, como una amenaza, como una banda criminal, o como agentes extranjeros. En tercer lugar, la tolerancia o promoción de la violencia, agrupa ligas con grupos armados o paramilitares, la promoción por parte de candidatos o cercanos de masas que ataquen a los oponentes, o el respaldo tácito a los seguidores que hayan cometido actos de violencia.

Finalmente, la tendencia a limitar libertades civiles, incluyendo a los medios, que agrupa temas como si han apoyado leyes o políticas que restrinjan la libertad de opinión o reunión, si han amenazado con acciones legales o punitivas a medios o críticos en general, o si han aplaudido medidas represivas de otros gobiernos.

Con esas cuatro preguntas, puede usted evaluar a los actuales candidatos para saber qué tanto amenazarían la democracia. Para los jóvenes, cabe aclarar que hasta hace muy poco así funcionaba el régimen político en su totalidad, porque era totalmente autoritario. Hoy ya no lo es, pero podría volver a serlo, y en ello, no tengo duda, algunos candidatos son más riesgosos que otros.

Sin embargo, una vez llegando al poder, la acción contra la democracia, siguiendo a Levitsky y Ziblatt, incluye tres movimientos: capturar a los árbitros (es decir, cortes, organismos autónomos, instituciones electorales), comprar o arrinconar a medios y actores neutros, y reescribir las reglas para evitar una cancha pareja con los oponentes. Nuevamente, del viejo régimen no hay mucho que hablar: era dueño de los árbitros, controlaba medios y opiniones, y las reglas se habían hecho para mantenerse en el poder. Esto cambió significativamente en los años noventa: se liberaron la SCJN y el Banco de México en 1994, y el IFE en 1996. Las reglas del juego se diseñaron de forma pareja, y los medios lograron algo de libertad. El resultado fue la derrota del partido del viejo régimen en 1997, y finalmente la presidencia en 2000. Pero a partir del cerrado resultado de 2006, las cosas se complicaron: se reescribieron las reglas electorales (para reducir la competitividad del PAN) y los partidos capturaron al IFE. A nivel local, el dinero en abundancia sirvió para comprar y arrinconar medios.

Entonces, sume usted al examen de las cuatro preguntas acerca del potencial autoritario, las tres asociadas a la construcción autoritaria: para cada uno de los candidatos, revise cuánto interés muestran en capturar a las instituciones, cuál es su intención con respecto a medios y críticos, y qué tanto espacio podrían dar a la competencia pareja.

Aun un país como Estados Unidos, con instituciones muy sólidas y una tradicional preeminencia de las cortes, sufre con un personaje como Trump. Una de las naciones mejor estructuradas de inicios del siglo XX, Alemania, se derrumbó en condiciones similares. Acá no tenemos tanto espacio, y por eso resulta mucho más importante evaluar bien a los candidatos.

Hágalo, y decida por la opción menos riesgosa. Lo demás, lo iremos resolviendo poco a poco.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.