En su propia voz
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

En su propia voz

COMPARTIR

···

En su propia voz

06/04/2018
Actualización 06/04/2018 - 11:21

El miércoles pasado EL FINANCIERO publicó una carta de Andrés Manuel López Obrador a inversionistas en la que pide tener confianza en su propuesta. La carta incluye diez puntos, que reviso con rapidez, por el espacio disponible.

En el primer punto, dice que “el principal problema de México es la corrupción y que vamos a erradicarla por completo”. Afirma que un estudio del Banco Mundial calcula que se roban “20 por ciento del Presupuesto público, es decir, más de un billón de pesos anuales”. Ese estudio no existe, como ya ha mostrado Verificado.mx, y además no llegaría a un billón de pesos. Peor aún, eso de que la corrupción sería erradicada por completo es increíble, por muchas razones, incluyendo su paso por el gobierno del Distrito Fedral. En el siguiente punto, no hay lógica alguna: “2. Para mantener al gobierno subordinado a los intereses de los traficantes de influencias, los funcionarios públicos mexicanos reciben actualmente salarios elevadísimos y gozan de prebendas desmesuradas que no tienen cabida en otros países” (¿le entiende?). Su conclusión aparece en el tercer punto: “bastará con honestidad en el gobierno y con una reducción del costo de la administración para aumentar la inversión pública”, pero por las fallas de las premisas, no me parece creíble, a menos que se refiera a un incremento marginal.

Lo más impresionante, para mí, fue “4. En términos generales, el modelo económico que proponemos es semejante al que se aplicó en el país en el periodo denominado del ‘desarrollo estabilizador’”. Quienes hemos insistido en que AMLO quiere regresar al pasado, ahora podemos citarlo a él mismo. Intentar hoy replicar un modelo aplicado en 1958, en un contexto internacional totalmente diferente, con una población de la cuarta parte de la actual, bajo un régimen absolutamente autoritario, no es razonable. Afirma en ese mismo párrafo que no lo haría de manera mecánica, sino ajustando a las condiciones actuales (que él mismo lista: democracia, derechos, globalización, cambio tecnológico), pero si es así, entonces ya no queda claro por qué referirse a una época autoritaria, de fronteras prácticamente cerradas, con gran presencia del gobierno en la economía.

Precisamente por el carácter autoritario del régimen que AMLO intenta restaurar, los siguientes puntos no suenan creíbles: “5. Seremos respetuosos de la autonomía del Banco de México… operaremos la administración pública sin déficit…” “6. Habrá un auténtico Estado de derecho”. Su propuesta para enfrentar la inseguridad aparece en el punto “7. Todos los días encabezaré, desde muy temprano, el gabinete de Seguridad… Se conformará una Guardia Nacional y habrá coordinación entre todas las fuerzas del orden de las regiones, estados y municipios”. El siguiente punto es de risa: “8. Se acabarán los fraudes electorales”. En el nueve sostiene que “respetará las libertades y no tomará medidas autoritarias”, pero revisará todos los contratos para “evitar casos de corrupción”, lo que no parece compatible con el respeto a la autonomía y el auténtico Estado de derecho, sino la reiteración de que de su persona depende la honestidad del país entero.

En el último, quiere posponer la firma del TLCAN para después de las elecciones, y dice que “no descartamos la posibilidad de convencer al presidente Donald Trump de su despectiva y equivocada actitud contra los mexicanos”. En suma, la carta consiste en pura voluntad (erradicar corrupción, terminar inseguridad con reuniones diarias, auténtico Estado de derecho, convencer a Trump), datos dudosos y las fijaciones de siempre (fraudes electorales y el desarrollo estabilizador). De verdad, cuando la leí no estaba seguro de si era una parodia, que lo quería representar como un voluntarista con información errada, lógica débil y fuertes prejuicios. Pero no, era AMLO en su propia voz.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.