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10/07/2018
Actualización 10/07/2018 - 9:10

Tradicionalmente, el gabinete presidencial se nombraba pocas horas antes de la toma de posesión, e incluso algunos puestos de primer nivel (gabinete ampliado) se llenaban poco después. En esta ocasión, López Obrador anunció un posible gabinete desde la campaña, y ya ha ratificado a algunos de ellos. Me parece que esta forma diferente de actuar responde a dos dinámicas: por un lado, tranquilizar a todo mundo, porque su propuesta de ser la cuarta transformación (equiparable en su discurso a las grandes guerras civiles que hemos tenido en 200 años) podría malinterpretarse. Por el otro, hay que recordar que Morena no es un partido político en forma, sino un movimiento que en los últimos meses se llenó de compañeros de viaje, oportunistas y todo tipo de personas, no todas recomendables. Definir los puestos clave resulta de primera importancia.

La ratificación de Carlos Urzúa en la secretaría de Hacienda es una buena noticia: se trata de una persona decente, honesta, con un compromiso con AMLO de hace 20 años, y con buenas cuentas durante su paso por la Ciudad de México. Se ha hecho énfasis en su inexperiencia en el nivel al que ha sido nombrado, y creo que no hay duda de ello. Ya incluso ha cometido un error relevante al mencionar una tasa de inflación para 2019 que no coincide con la meta del Banco de México, ni con las expectativas que esta institución ha tratado de contener desde 2017. Ese error ya ha tenido impacto en los rendimientos de bonos, y posiblemente lo tenga en la próxima reunión del Banco de México, a través de una nueva alza en tasa de interés.

Si ese es el único error, aunque cuesta, no veo mayor problema. Otros funcionarios, con mucha más experiencia, han también tenido frases desafortunadas con impacto en los mercados. Nadie es perfecto. Creo que merece más atención la manera como están preparando el Presupuesto del próximo año, en donde ahora habrá menos margen (por la elevación de tasas). Ya se dijo que el precio de la gasolina no se mantendrá estable, ni mucho menos bajará, y eso es buena noticia. También hay declaraciones de que los programas de apoyo a la tercera edad y a los jóvenes serán paulatinos, aunque hay que esperar a verlo en blanco y negro.

López Obrador en persona ha insistido en la reducción de sueldos de altos funcionarios, ejemplificando con su caso: ganará menos de la mitad que Peña Nieto. Y eso se replicará hacia abajo, compactando el escalafón, y complicará la permanencia de una cantidad no menor de capital humano. Regreso aquí a la narrativa creada por el equipo de AMLO para ganar: “México vive el peor momento de su historia y el gobierno es culpable”. El enojo de la población exige castigo, y esa reducción de sueldo es parte del mismo. Pero eso provocará que muchos funcionarios de buen nivel y gran experiencia se vayan a buscar otros empleos, y no será fácil encontrar reemplazos.

Ya tenemos dos ejemplos. Se ha anunciado que Germán Martínez será director del IMSS y Juan Carlos Zentella del Infonavit. No conozco al doctor Zentella, pero sus datos biográficos indican que es experto en desarrollo urbano. Creo que se equivocan: Infonavit no es esencialmente desarrollo urbano, sino financiamiento de vivienda. A Germán sí lo conozco, lo asesoré hace diez años (igual que hace veinte a AMLO mismo). Creo que es un buen abogado, con buenas ideas de derecho constitucional. El IMSS no creo que requiera esas habilidades, sino, otra vez, una visión financiera de primer nivel. Tal vez Zentella sería muy bueno en Sedatu, y Germán un gran senador, no tengo la misma esperanza en los puestos anunciados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.