Democracias Iliberales
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Democracias Iliberales

15/06/2018
Actualización 15/06/2018 - 13:44

El número de esta semana de la revista The Economist, edición europea, se titula 'Así mueren las democracias'. En portada aparecen los hombres fuertes que han destruido la democracia en su país, promoviendo eso que ahora llaman 'democracia iliberal': Orbán, Duterte, Erdogan, Putin, aunque en el editorial amplían para incluir a Xi Jinping y Donald Trump, que no coinciden exactamente con los anteriores: Xi no parte de una democracia y Trump no ha logrado aún destruir la estadounidense. Pero el rumbo parece ser el mismo.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, se trata de un fenómeno global. The Economist pone la fecha de inicio del proceso en la crisis de 2008, y creo que tienen razón. No porque eso haya alterado las economías de manera extraordinaria, ni haya provocado mayor desigualdad en el planeta, como creen muchos. Lo que ocurrió en 2008 fue un momento de estupor, de inmensa sorpresa, que destruyó la fe en la manera como se había manejado el mundo en las décadas previas.

Cuando ocurre un momento como este, las personas dejan de creer en la racionalidad para moverse a un espacio de creencias y prejuicios, al pozo de los sentimientos. En épocas recientes, me parece que los dos grandes momentos similares ocurrieron en 1755 con el terremoto que destruyó Lisboa y en 1916 cuando la Gran Guerra se convirtió en una matazón sin sentido. En ambos casos, la fe en la racionalidad se vino abajo. El terremoto destruye la esperanza que los europeos habían colocado en la Ilustración; la Gran Guerra, la que se centraba en el Positivismo. Ambas etapas finalizadas en esos momentos de estupor habían sido dominadas por la creencia en la razón humana, capaz de desentrañar los misterios de la naturaleza y por lo mismo promesas de una mejor forma de vida. De golpe, la fe desapareció, y las cosas empezaron a cambiar.

Entre 1756 y 1763 se vivió la primera guerra que podemos considerar mundial, con escenarios en Asia, América y Europa, entre Francia y Gran Bretaña. Aunque ganan los segundos, ambos quedan golpeados económicamente y deben elevar impuestos. Eso provocó la independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa. Sin embargo, lo más importante que ocurre, me parece, es que las personas dejan de creer en la razón y privilegian los sentimientos, que es lo que permite el Terror y las guerras Napoleónicas, el hundimiento de Europa Continental y la aparición de doctrinas totalitarias, que no alcanzaron a ser exitosas en ese momento.

La Gran Guerra culmina en la creación de la Unión Soviética en 1922, y en ese mismo año la Marcha sobre Roma de Mussolini. Las ideas totalitarias del siglo previo ahora sí logran ascender, sobre pueblos que ya no creen en nada, porque la ciencia y la razón no sirvieron sino para industrializar la muerte en las guerras del siglo XX.

En ambos casos, la recuperación de la razón ocurrió en parte por desgaste de esos movimientos 'sentimentales', es decir, populistas y demagógicos. Fueron muchos muertos, pocos resultados, y del otro lado apareció una opción atractiva. En 1848 en Reino Unido, para mediados del siglo XX en Estados Unidos. Pero la dialéctica no perdona, la razón se va ahogando y la llegada del momento de estupor abre el camino para un nuevo ciclo.

En esta ocasión, el momento fue la crisis de 2008, que destruyó la fe en la democracia liberal y los mercados abiertos. Tocamos fondo en 2016, cuando empezamos a elegir autócratas, populistas y demagogos. Nos tocan años de intentos totalitarios, desprecio de la ciencia y seguramente violencia y destrucción. Eventualmente, la razón regresará. Más rápido, creo, si la ayudamos un poco.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.