De individuos a grupos
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De individuos a grupos

07/08/2018
Actualización 07/08/2018 - 13:53

En 1915 o 1916, los europeos se dieron cuenta de que la guerra en que se habían metido no era como las otras. No se acabó en unos pocos meses, como habían creído, y la capacidad de matar había alcanzado niveles industriales, mecánicos. La ciencia, que había sido el valor fundamental de la sociedad en los 60 o 70 años previos, ya no parecía un instrumento de desarrollo, sino de destrucción y maldad. Cuando empezó la duda acerca de la manera en que funcionaba la sociedad, ya existía una nueva forma de comunicación: los medios masivos audiovisuales. Radio y cine aparecen en los primeros años del siglo XX, de manera amplia.

En consecuencia, la construcción de la nueva forma de la sociedad tiene su base en esos medios masivos. La síntesis de los valores previos (Naturaleza vs Ciencia) resulta en la preeminencia del Estado sobre el Individuo. La idea de que la ciencia permitía controlar la naturaleza se interpreta como el gran riesgo de que los individuos, armados con el herramental del conocimiento, destruyan la sociedad. Hay que impedirlo limitando a esos individuos en beneficio de la sociedad misma. Y eso debe hacerlo el Estado. Y los medios masivos de comunicación, por su carácter unidireccional (uno envía el mensaje, lo reciben millones), resultan idóneos para ello.

En los siguientes años, el mundo entero se llenará de Estados autoritarios, más aún, totalitarios, construidos sobre esas nuevas formas de comunicación: la radio para Mussolini, el cine para Hitler (Riefenstahl), Stalin (Eisenstein), Estados Unidos (DeMille). Es claro que no todos estos países tienen exactamente el mismo tipo de autoritarismo, pero creo que es indudable que en todos ellos el Estado adquiere un poder que no tuvo antes, y los individuos se convierten en peones. La época de miedo, sentimientos e irracionalidad no termina en la Segunda Guerra Mundial, continúa en las llamadas Guerras de Liberación Nacional, conforme va creciendo la respuesta racional al poder del Estado, que no es otra cosa que la recuperación del Individuo.

Es a esta respuesta racional a lo que se le llama “neoliberalismo”. Es en realidad la tercera época liberal, después de la Ilustración y el Positivismo. Empieza a convertirse en opción real en los años setenta, y en los siguientes treinta años se registra un crecimiento significativo de la democracia en el mundo, y la mayor reducción de pobreza en toda la historia, especialmente porque se incorporan a las nuevas formas productivas países como China e India, entre otros.

Eso es lo que entró en duda con la Gran Recesión. La crisis financiera de 2008 puso en duda la capacidad de controlar el sistema económico, y la nueva forma comunicacional abrió la posibilidad de construir una nueva síntesis. Frente a la oposición Estado-Individuo, la síntesis parece construirse alrededor de los grupos. Esto significa que los individuos dejan de tener importancia, pero no porque el Estado los reduzca, sino porque ahora las personas se definen por el grupo al que pertenecen. En lugar de un Estado “predefinido” que nos controla porque ahí vivimos, lo que tenemos son grupos de nos dan identidad, y somos evaluados de acuerdo con ello. Usted ya no es quien era, usted es un hombre blanco, mayor, heterosexual, privilegiado. O es una mujer mestiza, joven, homosexual, activista. O lo que sea que su grupo determine. Un grupo que usted no eligió, que está construido con base en diversos tipos de identidades (sexo, género, edad, origen étnico, estudios, culto, etc.).

La importancia de esta transformación no puede menospreciarse. Lo que esto significa es que no existe ya la voz del individuo, sino la de un miembro de un grupo determinado, que es aceptada, o no, dependiendo precisamente de las características del grupo. Olvídese del liberalismo, pues.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.