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De cero

28/09/2017
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Congreso
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Creo que el Congreso debe considerar la posibilidad de discutir desde cero el Paquete Económico de 2018, incluyendo ingresos y gastos. Por un lado, como usted sabe, hay varias iniciativas de los partidos políticos para reducir sus prerrogativas. Por otro, Estados Unidos discute un plan impositivo nuevo.

Del lado de los partidos, las propuestas responden a la emergencia por los terremotos, pero también buscan ganar alguna ventaja en la campaña electoral. El PRI propone cancelar todos los recursos a partidos, y además eliminar parte de los llamados plurinominales, y lo hace porque, en su tradición, el dinero sale de sus gobiernos. No por nada las cantidades que los Duartes y Borge extrajeron del erario. Más aún, pueden utilizar en su beneficio el gasto en publicidad del gobierno, que los demás partidos no tienen. Ese gasto, por cierto, no tiene justificación alguna. En 2016 nos gastamos ahí ocho mil 500 millones de pesos. Eliminar todas las partidas relacionadas con ello es indispensable (aunque no dudo que muchos medios de comunicación desaparezcan por eso). La eliminación de 'pluris' es algo que el PRI ha querido desde hace tiempo, porque en las elecciones más recientes eso le hubiese dado mayoría clara, y con sus aliados, incluso mayoría calificada. Si un par de decisiones nos pueden regresar al pasado (medio siglo), son las que ha propuesto el PRI.

Morena, es decir López Obrador, no piensa devolver dinero, ni renunciar a nada, sino crear un fondo para damnificados administrado por gente cercana a él. Como en el caso del PRI, AMLO quiere regresar a lo suyo: la clientela. En el Frente se perciben dos posturas, también producto del pasado de los partidos que lo forman. Por un lado, del PAN, el rechazo al financiamiento público, que promovieron desde hace décadas; por otro, del PRD, la reducción de sueldos y personal del gobierno, que siempre han creído necesario. Ninguna de las propuestas de los partidos es seria, hay que decirlo, pero es posible que una combinación inteligente de todas ellas pueda tener sentido. Por ejemplo: una reducción de 50 por ciento en el financiamiento público, que puede hacerse con cierta facilidad, y redistritación y reducción de diputados en ambas vertientes, y reducción de senadores, que no podrían ocurrir en esta elección, pero pueden decidirse desde ya. A todo ello, sumarle el fin de la publicidad gubernamental en todos los órdenes.

Pero no es sólo un asunto de gasto. Donald Trump por fin envió su plan fiscal a su Congreso. Nueve páginas, más demagógicas que técnicas, pero ya lo mandó. Para nosotros, lo más importante es lo que propone con respecto a empresas, que es reducir de 35 a 20 por ciento el impuesto sobre la renta, depreciación en cinco años, facilidades para repatriación de utilidades y algunas otras cosas menores. No tengo idea de si este plan va a pasar o no en el Congreso (nada de lo que ha propuesto ha tenido éxito hasta ahora), pero si lo hace, nosotros tendremos que movernos en la misma dirección. Eso significa, al menos, reducir la tasa de ISR a personas morales. Puesto que las empresas aportan cerca de 45 por ciento del total de ese impuesto, una reducción de cinco puntos en la tasa implicaría una caída en recaudación total de cerca de 3.0 por ciento. Nada inmanejable, pero hay que presupuestarlo.

Si se piensa afectar gasto e impuestos en estas cantidades, tal vez convenga sacar del archivo algunos de los documentos creados alrededor del 'presupuesto base cero' hace unos años. En ellos se identifican programas presupuestales que no tienen mayor utilidad, y que ahora podríamos empezar a eliminar. No demasiado porque estamos en año electoral, pero tampoco podemos imaginar que la emergencia por los terremotos, o un cambio impositivo en Estados Unidos, pueden pasarse por alto. A trabajar.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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