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08/12/2017
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Bitcoin (Pixabay)
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Uno de los desarrollos más interesantes de los últimos años es la tecnología blockchain, uno de cuyos resultados es la moneda virtual conocida como bitcoin. Esta moneda ha subido de valor a tal velocidad que si usted la hubiera comprado hace cuatro años hoy tendría cien veces más dinero, pero si la compró hace ocho años, su inversión se habría multiplicado por 10 mil. Precisamente por ese incremento de valor, bitcoin ha llamado mucho la atención, y en los últimos años han aparecido otras monedas similares.

La idea de bitcoin es ser una especie de oro virtual. Se produce como si fuese ese mineral, pero mediante la resolución de problemas matemáticos especialmente complejos. En esta semana aparecieron algunos reportajes acerca de la cantidad de electricidad que se está utilizando para hacer esa minería, y es verdaderamente sorprendente. De acuerdo con la nota de Emily Atkin en The New Republic el 5 de diciembre pasado, la minería de bitcoins consume 30 TWh. Eso es equivalente a lo que se consume en todo México en nueve meses. Este consumo ocurre en establecimientos dedicados a hacer la minería para extraer bitcoins, con un valor en estos días de cerca de 15 mil dólares cada una.

La forma en que se 'producen' los bitcoins y su límite máximo (21 millones) ofrece cierta garantía de que seguirán siendo valiosas. Sin embargo, el elemento más importante para ello es que no puedan ser falsificadas, y eso es lo que la tecnología blockchain ofrece. Esta tecnología consiste en la fijación de transacciones entre un grupo de participantes de forma tal que ninguno de ellos pueda alterarla posteriormente. Digamos que cada vez que ocurre una transacción, los participantes la 'firman', y la firma colectiva queda sellada. Si alguno de ellos, o alguien externo, intentara alterar la transacción, los 'sellos' resultarían alterados. Se trata entonces de dos elementos diferentes, con distinta utilidad. La tecnología de seguridad ya está siendo utilizada por muchas industrias y no es sólo para monedas (criptomonedas, les dicen, precisamente por no poderse falsificar). Creo que muy pronto será posible considerarla para cuestiones legales que hoy se nos complican a través de internet, aun usando mecanismos de seguridad. El hackeo que con frecuencia ocurre de bases de datos de empresas en internet podrá reducirse notoriamente con este tipo de tecnologías.

La moneda en sí es una cosa diferente. Lo primero que debe quedar claro es que no se trata todavía de un método de intercambio generalmente aceptado, de manera que quien hoy compra bitcoins lo hace más bien como una forma de inversión. Una inversión riesgosa, porque en el fondo se trata de meter dinero a un mercado cambiario entre el dólar y un activo que no parece tener alguna utilidad evidente en este momento. Por eso ha sido comparado el fenómeno del bitcoin con los tulipanes del siglo XVII en Holanda, amén de muchas otras burbujas financieras.

Las razones por las cuales el bitcoin podría considerarse como una moneda aceptable son: que tiene un número limitado de unidades, que no es falsificable y que tiene un mercado líquido para intercambios. Todo eso es cierto. Las razones por las cuales no debería considerarse aceptable tienen que ver con los sistemas monetarios del siglo XX, que dependen esencialmente de bancos centrales. El respaldo de una moneda lo da un marco institucional de una Nación-Estado, pues. En eso se tiene fe, por eso se llama dinero fiduciario. En el caso del bitcoin, la fe se le tiene a Satori Nakamoto, el nombre ficticio de su inventor.

En mi opinión, invertir en bitcoins o similares es tomar apuestas muy riesgosas, que pueden dar grandes rendimientos. Bajo su riesgo. Pero el avance tecnológico detrás de estas monedas y lo que ellas pueden significar, sí son temas que merecen mucha, mucha atención. Es el futuro en muchos aspectos.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.