Opinión

Luz y perspectiva: la percepción importa


 
El New York Times es uno de los diarios más prestigiados y poderosos del mundo. Y el Sunday Times, en su versión dominical, es la más leída, con miles de suscriptores que reciben en casa sólo esa edición. En la primera plana de este domingo se publicó un artículo de Damien Cave que se titula For Migrants, New Land of Opportunity Is Mexico (“Para los migrantes, la nueva tierra de oportunidad es México”). En éste, el Sr. Cave habla sobre cómo entre 2000 y 2010 se duplicó la población de extranjeros que se mudaron a México para aprovechar oportunidades que nuestra economía presenta para estadounidenses, franceses, españoles, coreanos, etc.
 
¿Pero qué esta gente no lee redes sociales? ¿No saben que Peña Nieto es el peor presidente en la historia de la humanidad y que todo lo que toca el PRI se convierte en basura? Visiblemente están demasiado ocupados aprovechando la oportunidad como para perder el tiempo en Twitter o Facebook.
 
No pretendo decir que todo está bien en México, que tenemos el gobierno perfecto, o que las reformas propuestas son óptimas, lejos de eso. Sin embargo, estoy convencido de dos factores: primero, de que México tiene una oportunidad de proporciones históricas; segundo, de que no se volverá a presentar una oportunidad igual, entre otras muchas razones, porque nuestro perfil demográfico irremediablemente va a cambiar.
 
La semana pasada tuve la fortuna de dar una conferencia en Querétaro, en la cual se hablaba de temas de transporte y logística alrededor de la industria manufacturera. El Bajío crecientemente se convierte en el bastión de la productividad que resume las ventajas que posicionan a México para provocar la migración de inversión y capacidad productiva de China a nuestro país. El costo de mano de obra chino ha aumentado entre 15 y 20 por ciento cada año durante el último lustro, el yuan se ha revaluado 33 por ciento contra el dólar desde 2005, y el costo de mover un contenedor de China a la costa oeste de Estados Unidos casi se ha duplicado desde 2009 a la fecha.
 
Pero, en forma más importante, México encaja exactamente en la estrategia de miles de empresas industriales estadounidenses que han incrementado su eficiencia en una proporción que no tiene precedente en el pasado reciente; y de empresas europeas que buscan una plataforma de acceso al irrefutable potencial de América del Norte como región. La producción estadounidense es hoy 3 por ciento mayor que antes de la crisis de 2008, pero ésta se realiza con casi cuatro millones menos de trabajadores. En forma equivocada, el presidente Obama critica a las empresas estadounidenses por tener utilidades récord y no estar invirtiendo suficiente. Su error es no darse cuenta de la enorme inversión que han hecho en intangibles, gastando fortunas en asesores y consultores que han hecho extraordinariamente eficiente la cadena que va desde procura de insumos a distribución de producto. Estas empresas reaccionan hoy en forma mucho más eficiente que antes a cambios en la demanda por sus productos que hace años hubieran implicado gran variabilidad en el nivel de inventarios. Dos de las tendencias que están permitiendo esa velocidad de reacción son la llamada reshoring, traer capacidad de regreso de China a Estados Unidos; y nearshoring, traer esa capacidad al país de junto: México.
 
En lo que los medios y las redes sociales están clavadas en los temas de marchas o criticando lo que hace el gobierno o el atuendo de la primera dama, millones de mexicanos se benefician todos los días de los miles de millones de dólares que la industria manufacturera invierte en México. Cada día vemos procesos más sofisticados que vienen a México y que permiten salarios más altos para los trabajadores. El título de la conferencia en la que participé, "De pegar botones a armar aviones", sintetiza bien esa evolución.
 
A veces pienso, sin embargo, que la afortunada integración de procesos industriales se da no como resultado de políticas públicas inteligentes, sino a pesar de la ausencia de éstas. Como muestra, veamos la propuesta de cobrarle IVA a la importación temporal de insumos de productos que se exportarán. Aunque eventualmente éste se reembolse, de entrada provoca un fortísimo impacto en el flujo de efectivo de fabricantes, y son precisamente los chinos quienes deben estar celebrando la iniciativa.
 
Desde fuera, parece evidente la histórica oportunidad que se le presenta a México. Desde adentro, todo el enfoque parece estar en por qué la oportunidad no es tal, en por qué no podemos aprovecharla, o en por qué no vale la pena hacer el intento.
 
En una maravillosa exhibición que vi el domingo en el Museo Guggenheim, el artista James Turrell hace una serie de instalaciones donde la luz es el elemento central. El espacio transformado sólo con el uso de luz y el observador haciéndose consciente de su sesgo al observar; la percepción en función del punto desde el que se observa o de la luz con la que lo hacemos. Pensé que eso es exactamente lo que está pasando en México. Muchos se empeñan en ahogar la oportunidad con escepticismo, se empeñan en profundizar su sesgo al observar para enfatizar obscuridad sobre luz; el objeto es el mismo, pero la percepción es absolutamente distinta.
 
El creer que el cambio es posible es una condición necesaria para el éxito, no es suficiente, pero sin creer es simplemente imposible alcanzarlo. Estoy convencido de que este gobierno tiene que empeñar mucho más esfuerzo en que se crea. La forma de hacerlo, sin embargo, no es con comerciales. Es indispensable abrumar a los escépticos con información. El analfabetismo cibernético (lo llamaría “virtual”, pero es ostensiblemente “real”) hace un daño enorme. Veo una y otra vez flagrantes mentiras que se repiten como si al hacerlo éstas se convirtieran en verdades. López Obrador, por ejemplo, dijo en una entrevista con Sergio Sarmiento (http://www.youtube.com/watch?v=bRa2Rz90AcI) que no existe empresa petrolera en el mundo que invierta a cambio de participación en utilidades, difícilmente sería posible decir un disparate mayor. Todo mundo tiene derecho a su propia opinión, pero no a inventar sus propios datos. Este gobierno tiene que proactivamente utilizar a las mismas redes sociales para desmentir una y otra vez, y para llegarle a los jóvenes que las leen. No se trata de manipular, se trata de dar datos reales y comprobados. Como decía Mark Twain, la diferencia entre una mentira y un gato es que este último tiene sólo siete vidas.
 
La percepción importa. Tenemos que asegurarnos de que los mexicanos crean en el proyecto y que se den cuenta de la magnitud de la oportunidad que estamos en riesgo de desperdiciar. Exhibamos el profundo daño que el engaño sistemático y las actitudes dogmáticas de los críticos generan.