Opinión

Lujo, amistad y error

15 septiembre 2017 5:0
 
1
 

 

Raúl Cervantes

No tengo nada en contra de los autos deportivos, los relojes de marca o cualquier otra mercancía que se venda con cierto prestigio, mientras quien la adquiera lo haga con el fruto de su esfuerzo, trabajo y talento.

Cuando lo anterior no sucede; es decir, quien obtiene la buena vida lo hace a expensas de los recursos públicos, las prebendas, los privilegios o el compadrazgo, entonces nos enfrentamos con el lastre de este país: la corrupción.

Al mismo tiempo que los casos de irregularidades con el manejo del presupuesto se multiplican, en la opinión pública surge un interesante movimiento que no sólo condena la corrupción, sino que actúa y ejerce presión social para que las decisiones del sistema político cambien.

Por ejemplo, parecía obvio que necesitábamos un fiscal independiente que diera certeza al nuevo modelo anticorrupción; sin embargo, los hechos demostraron que la intención era muy diferente. Creo que en muchas ocasiones el sistema político olvida que la autoridad moral no reside en los cargos o en la posición institucional en la que te encuentras, sino en actuar con simple congruencia.

Esta conciencia social que surge entre las organizaciones civiles, los buenos medios de comunicación, y algunos actores políticos, podría significar también que la corrupción no es parte de nuestra idiosincrasia, de la misma manera que la “picardía” del futbolista mexicano es sólo una manera de disfrazar la inconsistencia y la indisciplina en que se desenvuelve.

Los últimos eventos climáticos, incluyendo el sismo de hace una semana, son evidencia del poco control que tenemos de la naturaleza. Lo único que podemos hacer es prepararnos lo mejor posible y prevenir. Cosa muy diferente son nuestros actos sociales y personales, esos pueden moderarse y hasta mejorar, si ese es el propósito.

Hago una suposición, porque no lo sé de cierto, las normas de construcción de la Ciudad de México aparentemente permiten que la mayoría de las nuevas obras aguanten movimientos que no sentíamos desde hace 30 años. Si pudimos fijar un parámetro en eso, confío en que podremos establecer el piso para un nuevo sistema de gobierno transparente, abierto y honesto, que es la primera demanda de este país y de cualquiera que en verdad quiera desarrollarse. Extracto: lea la versión completa en www.elfinanciero.com.mx.

Twitter: @LuisWertman

También te puede interesar:
Legado
Adelante
Pirámides