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22/12/2017
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militares
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Si revisamos la historia de México, en muchas ocasiones se ha necesitado de la asistencia de las Fuerzas Armadas para tratar de resolver los problemas nacionales. Con justificación o sin ella, siempre se trató de medidas de corto plazo que luego empeoraron la situación.

Somos una democracia civil y parlamentaria relativamente joven. No hace mucho, opinaran los historiadores, el país salía de una crisis para entrar a otra (muchos diríamos que esas crisis militares luego fueron sustituidas por crisis económicas).

En esos escenarios, la pugna por el poder y la estabilidad del país se discutía a balazos y en el campo de batalla. Fueron las consecuencias de esa vía las que obligaron a los últimos jefes revolucionarios a sentarse (pegados a la pared) y llegar a un acuerdo para dirimir sus diferencias por medio de la política.

El primer presidente civil del siglo anterior, Miguel Alemán, fue el resultado de la presión política y de la urgencia por modernizar a una nación en la que se debían separar los papeles del gobierno y de las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, la complicidad con el crimen organizado, la corrupción y la absurda idea de declarar una guerra el sexenio anterior, debilitó a tal grado a las policías, que regresamos a la salida de llamar al Ejército y a la Marina para desempeñar tareas que no les corresponden.

Ese es el fondo de la oposición nacional e internacional a la Ley de Seguridad Interior. Era un error, que se enredó cada vez más. Ayer, en un acto político, que es un veto técnico o de facto, el Presidente promulgó una ley cuestionada que no usará hasta que la Suprema Corte resuelva acciones de inconstitucionalidad que seguramente se interpondrán.

Falta ver si esto fue una victoria de la presión civil o una decisión salomónica que se toma bajo criterios políticos. Mientras tanto, sigamos participando como sociedad.

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Twitter: @LuisWertman

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.