Disyuntiva
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Disyuntiva

25/05/2018

Quedan algunas semanas antes de tomar una de las decisiones más importantes de nuestra historia. No es dramatismo, pero frente a nosotros tendremos la disyuntiva de elegir lo mismo o experimentar con una nueva alternativa de gobierno.

A estas alturas del proceso electoral, parece que sólo quedan estos dos caminos. Cada quién hará su balance y votará por una de estas opciones. Lo único que recomiendo es no dejar de emitir nuestro sufragio.

Dudo que las tendencias se modifiquen y quienes ya están convencidos cambien de opinión, por ello sugiero que usemos los días que siguen para alejarnos de la propaganda, la guerra sucia y las verdades a medias para reflexionar.

Retirarnos un poco del ruido electoral permitirá hacer un ejercicio sobre lo que México necesita para salir del atolladero. Sé que la idea del gobierno actual es que existen muchos avances sin reconocerse; sin embargo, justo cuando emiten este mensaje ocurren varios hechos que lo contradicen.

Mientras se publicita que las finanzas del país son sanas y el empleo creció como nunca; ese mismo México cae en competitividad, seguridad (incluso la informática), servicios de salud y calidad en la educación.

Si no hay un solo México y tenemos muchas naciones dentro de nuestro territorio, con diferentes realidades, es momento de que los ciudadanos, sin importar la preferencia política, nos hagamos dueños del proceso electoral en su recta final.

¿En qué coincidimos? Seguramente en que no podemos mantener estos niveles de corrupción, impunidad e inseguridad; en que la pobreza es un problema que no podemos diferir otro sexenio, lo mismo que corregir la falta de oportunidades para los jóvenes, garantizar la igualdad para las mujeres y fortalecer el apoyo a los adultos mayores.

Si ese es nuestro piso mínimo, ya avanzamos bastante. Gane quien gane tendrá que responder a estos desafíos y dar muestras claras de que su gobierno será diametralmente distinto a los que lo precedieron.

Un buen amigo me compartió que su mayor temor es que el nuevo gobierno fracase, aunque gane los comicios. Que esas expectativas de cambio sean tan altas (como en el año 2000) que desilusionen rápido a quienes apostaron por una sacudida a un sistema que, ha quedado claro, ya no funciona para la mayoría.

Mi respuesta fue la siguiente: cualquier gobierno no podrá solo, menos uno que abandere un cambio real. Para lograrlo, necesitará de todos los ciudadanos, con nuestras diferencias y preferencias, por lo que deberemos de participar e intervenir si, por fin, queremos crecer.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.