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11/05/2018

Una de las principales asignaturas pendientes en el país ha sido, desde al menos los últimos 12 años, la seguridad. Dos factores han permitido el crecimiento de la delincuencia a niveles exponenciales: la corrupción y la complicidad de autoridades, que han sido omisas o que han decidido jugar en el lado contrario de los ciudadanos.

El tema no es menor y se inserta incluso entre uno de los primeros dentro de las preocupaciones de los ciudadanos que vivimos, vemos o leemos día a día nuevas atrocidades cometidas por el crimen en contra de nuestros pares, pero no sólo de ellos, también de las autoridades que nos protegen: policías y militares.

Llegar al punto del ataque flagrante a un convoy militar o al asesinato cobarde por la espalda de una mujer policía, son dos aristas de un mismo fenómeno, el empoderamiento criminal a costa del respeto a la autoridad. Y este fenómeno debe parar, pero para ello no sólo hace falta la actuación inteligente y estratégica de nuestras policías y Fuerzas Armadas, también la participación de nosotros, los ciudadanos.

Debemos reconocer en primer lugar que la figura del policía se ha transformado de un ente de alto valor social a uno que puede ser vilipendiado y menospreciado si intenta cumplir su tarea en nuestra persona, aun cuando tenga razón. Gritar al policía porque nos infracciona, golpearlo por hacer su trabajo, son medidas extremas que se convierten en fenómenos virales de las redes y que muestran ciudadanos sin respeto por las leyes ni quienes las representan.

El problema con esto es que desvalorizamos la figura y generamos una falta de respaldo social en su trabajo contra la delincuencia. El asaltante o el narco pueden considerar que si el sujeto que es golpeado por intentar retirar un ambulante que afecta una instalación estratégica como el Metro y los ciudadanos a su alrededor apoyan al comerciante ilegal, entonces él puede sin pudor disparar su arma en su contra.

No se trata aquí de respaldar a todos, sabemos que hay uniformados en todos los niveles que con sus actuaciones denigran a sus corporaciones, a esos, hay que denunciarlos y castigarlos, pero debemos apoyar a todos aquellos que sí realizan su trabajo para proteger nuestra integridad y nuestro patrimonio, debemos reconocer que con ellos, estamos en deuda.

Ahora que estamos en campañas electorales y todos dicen tener las soluciones mágicas, sin importar que muchas sean las mismas promesas de hace 6 o 12 años, pensemos lo que podemos hacer nosotros en el tema, ya sabemos que una cosa es denunciar, pero otra, igual de importante, es empezar a reconocer y respetar el trabajo de nuestras policías y nuestras Fuerzas Armadas, ahí hay un cambio que no depende de nadie más, salvo de nosotros, al mostrar el respeto que requieren los uniformados que todos los días salen a dar su vida por sus pares, los ciudadanos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.