Quien mucho abarca, poco aprieta
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Quien mucho abarca, poco aprieta

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Quien mucho abarca, poco aprieta

07/08/2018

Andrés Manuel López Obrador anunció ayer 25 proyectos de su próximo gobierno, muchos de los cuales ya habían sido mencionados: el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México; el desarrollo del Istmo de Tehuantepec; el Tren Maya; caminos rurales; comunicar a todo el país vía Internet; reconstruir las poblaciones afectadas por los sismos; desarrollo urbano en colonias marginadas; duplicar la pensión para adultos mayores; dar pensión para personas con discapacidad en situación de pobreza; sembrar un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables.

También implementar el programa “Jóvenes Reconstruyendo el Futuro”; otorgar becas para todos los estudiantes de preparatoria; construir 100 universidades en zonas marginadas; lograr la soberanía alimentaria; rehabilitar el sector de fertilizantes; establecer una nueva canasta básica alimentaria; dar crédito ganadero a la palabra; implementar una zona franca en la frontera con Estados Unidos; fomentar el desarrollo minero; brindar apoyo a pequeñas y medianas empresas; aumentar la producción de petróleo y gas; modernizar las refinerías; construir una nueva refinería en Dos Bocas, y dar medicamentos gratuitos.

Además implementará 50 medidas de austeridad y combate a la corrupción; llevará a cabo un proceso de pacificación del país (hoy inician los foros en Ciudad Juárez); rehabilitará las unidades médicas territoriales, y reubicará a las secretarías de Estado en las entidades del país.

Se trata de la vigésima conferencia de prensa donde el casi presidente electo anuncia algún proyecto o política pública o nombramiento. La cantidad de proyectos que se han anunciado alerta ya de un gobierno que por mucho abarcar, dé pocos resultados. La eficacia requiere priorizar. En medio del océano de urgencias en materia social, de seguridad, de empleo y de salud pública, el gobierno debe escoger para dar resultados. Dar respuesta a todos es no darle solución a nadie. No priorizar es la antesala para un gobierno que se congestione. El éxito de AMLO se verá más menguado si aun antes de tomar posesión del cargo, ya ha lanzado amenazas a los cuadros directivos del gobierno de que ganarán la mitad o que serán liquidados.

Construir 100 universidades públicas en zonas marginadas requiere –por sí solo– la atención casi completa de cualquier gobierno. No sólo se trata de levantar edificios, sino de dotarlos de materiales, infraestructura educativa y maestros capacitados. Otorgar becas para todos los estudiantes de preparatoria y duplicar la pensión para los adultos mayores, no solamente es transferir dinero, sino crear un padrón de beneficiarios lo suficientemente confiable para garantizar que esos recursos no se están usando con fines clientelares.

Pero lo más relevante es que todos esos buenos deseos para ser realidad requieren de un diagnóstico de factibilidad. ¿Hay presupuesto para construir 100 universidades? ¿Podrá el mercado laboral absorber a los cientos de miles de nuevos egresados? ¿De dónde saldrán los maestros para tal epopeya universitaria? ¿Dónde se construirán? ¿Se trata de un proyecto que mejorará las oportunidades de los jóvenes o simplemente de un ejercicio para posponer su entrada al mercado del desempleo?

López Obrador corre el riesgo de perder credibilidad si sus promesas son sólo conversaciones para dar confort emocional a sus audiencias. El mayor riesgo de AMLO presidente es que siga prometiendo como si fuera candidato en campaña durante los siguientes seis años. López Obrador requiere decepcionar a quienes esperan todo de él para darles futuro a muchos mexicanos. Requiere explicar qué es factible entre el universo de lo deseable y hacer una pedagogía de cuáles son las tres o cuatro batallas que dará como presidente.

AMLO presidente electo debe hablar menos y planear más.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.