Imprudencia
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Imprudencia

02/10/2018
Actualización 02/10/2018 - 14:43

Hace dos semanas apareció Paulina Peña, hija del presidente de la República, en la portada de la revista Hola, publicación dedicada a narrar las banalidades y vanidades de la burguesía mexicana. Escribí en Twitter que su comportamiento era imprudente, pues sólo remarcaba la percepción de frivolidad de su familia y dañaba aún más la reputación de su padre. La reacción fue mixta, pero muchos defendían a la joven diciendo que ella era libre de posar donde quisiera. Otros me criticaban porque llamarla imprudente era un insulto. Algunos incluso me llamaron misógino. Otros me reclamaron no cuestionar a la esposa de López Obrador, quien también apareció en la misma publicación.

Este sábado se casó César Yáñez en Puebla, uno de los más cercanos colaboradores de López Obrador. Se trataría de un asunto privado salvo que el susodicho lo hizo de forma ostentosa. Por ejemplo, el menú incluyó cola de langosta, espárragos y camarones, filete de res y sorbetes de guanábana o menta blanca para limpiar el paladar. Algunos afirman que miles de rosas blancas adornaron el lugar y Los Ángeles Azules amenizaron el evento.

Yáñez fue imprudente. Su jefe y próximo presidente de la República ha hecho de la austeridad el elemento central de la moral de su nuevo gobierno. Su austeridad es tan importante que se ha legislado para reducir los salarios de los burócratas de alto nivel, limitar las prestaciones y el uso de vehículos del Estado, escoltas, secretarios privados, asesores y viajes al extranjero.

Que Yáñez haya pagado su boda con recursos personales o de su esposa no lo exime de la moral obradorista. Para su jefe, la austeridad es una forma de vida y un antídoto para la corrupción. La ostentación de la vida privada de los personajes públicos ha generado agravio a la población y ha corrompido la mística del servicio público. Se dirá que es diferente porque el novio pagó con fondos privados su fiesta; se argumentará que todavía no es servidor público. Pero el tema no es quién ni cómo se paga, sino la suntuosidad en un acto que, por su naturaleza, fue público.

Se dirá que nunca habrá forma de darles gusto a los críticos de Andrés Manuel López Obrador, igual que decían en el círculo cercano de Peña Nieto cuando tanto lo criticaban. Pero fue justamente la banalidad de no prestar atención a los detalles, de ser complaciente con la imprudencia y con la ostentación lo que llevó, entre otras cosas, a una fuerte crisis de confianza y desprestigio del gobierno de Peña Nieto.

Por supuesto, López Obrador está en el lugar opuesto. Goza de una aprobación del 70 por ciento y una fe abrumadora de amplios segmentos de la población. Transmite sobriedad, austeridad y empatía por los que menos tienen. Pero justamente por eso no se entiende que uno de sus colaboradores más cercanos exhiba ostentación y dé pie a la crítica y la mofa.

Claro que la noticia de que Canadá se une al nuevo tratado comercial es la noticia más relevante, no sólo del fin de semana, sino de mucho tiempo. Por supuesto que la propuesta de una comisión de la verdad y la conmemoración del 2 de octubre son más trascendentes; ello no implica obviar un acto que parece una nimiedad –y lo es–, pero si se tolera dará lugar a la complacencia que siempre amenaza a los gobiernos. Y la complacencia es la mejor amiga de la frivolidad y la corrupción.

Leí lo siguiente de un cibernauta: “Mientras los millones no salgan del erario pueden hacer lo que quieran”. ¿Y entonces dónde queda la empatía social con un país donde millones viven en pobreza alimentaria? ¿Dónde queda la prudencia que López Obrador ha pedido de sus colaboradores? De la ostentación por la fastuosidad surge el estilo de la vulgaridad en la política y del deseo de brillar mediante banalidades. ¿Qué acaso Yáñez no pudo pedirle a la novia discreción y mejor gastar esos millones de pesos en una luna de miel realmente privada?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.