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13/03/2018
Actualización 12/03/2018 - 23:44

El diario New York Times publicó, en su edición del 19 de marzo de 2006, que “López Obrador ha consolidado su posición como el candidato puntero, y muchos analistas predicen que él ganará, a menos que se tropiece de manera espectacular”. No solo los medios de comunicación tenían esa percepción. En las conversaciones privadas, en los círculos empresariales y al interior del gobierno se empezaba a generalizar la percepción de que el triunfo de AMLO era irreversible.

López Obrador tenía al inicio de la campaña una sólida base de apoyo. Su ventaja en enero de 2006 era de 7 puntos frente a Felipe Calderón (PAN) y de 13 frente a Roberto Madrazo (PRI): el marcador era 39-32-26. Varias encuestas, sin embargo, le daban casi 10 puntos de ventaja. Ganarle la elección a López Obrador requería definir la contienda como una lucha entre dos, más que como una competencia entre tres. Calderón y Madrazo sabían que si se posicionaban rápidamente como la alternativa real frente a AMLO, podrían atraer el voto de los indecisos, pero, sobre todo, capturar el llamado voto “útil” o estratégico.

Madrazo y Calderón usaron las campañas negativas para debilitar a AMLO y posicionarse en la competencia. Cuando surtieron efecto, López Obrador recurrió a la misma estrategia y atacó a Calderón, cuando este repuntó en abril y mayo. No había nada nuevo bajo el sol: el candidato puntero siempre es flanco de los ataques de sus competidores, en México y el mundo.

Días después de que se transmitieran los primeros spots negativos de Roberto Madrazo en contra de AMLO en la primera semana de marzo (él fue quien inició las campañas negativas en 2006), el PAN lanzó su primer promocional de ataque. Ocurrió el 12 de marzo. El promocional narraba la presunta irresponsabilidad financiera de AMLO cuando había sido jefe de gobierno del Distrito Federal y terminaba diciendo que López Obrador era “un peligro para México”. Este y muchos otros spots que concluían con la misma frase buscaban generar temor y retratar a López Obrador como un personaje irresponsable y desconfiable.

Los spots del PAN surtieron efecto. A fines de marzo y principios de abril la ventaja de AMLO sobre Calderón se había disipado y estaban casi empatados, 32-31. Roberto Madrazo estaba varios puntos abajo, con alrededor de 26% de intención del voto. A fines de abril Calderón lo superó por primera vez. Mantendría la ventaja por varias semanas. En junio, sin embargo, la tendencia se invirtió nuevamente. La segunda semana de ese mes AMLO volvió a superar a Calderón y mantuvo una ligera ventaja de dos o tres puntos hasta el fin de las campañas. ¿Qué ocurrió para que López Obrador superara una vez más a Calderón? Una campaña negativa que el entonces candidato del PRD lanzó en contra de Calderón el 16 de mayo que cuestionaba la honestidad de Calderón, los presuntos negocios familiares y su récord para crear empleos. “Cero empleos” y “manos sucias” fueron los eslóganes de las primeras informativas en las que se acusaba a Calderón de haber firmado el Fobaproa y causado crisis y desempleo.

La campaña negativa de AMLO se intensificó en junio e incluyó a la familia de Calderón. Para difundirla, contrataron ese mes el mayor pautaje de transmisión en TV. Fue tal el número de promocionales en las últimas semanas que la campaña de López Obrador fue la que más spots transmitió en 2006.

Doce años después muchas piezas de la historia se repiten. AMLO es el candidato puntero y vencedor inevitable en opinión de un segmento creciente del círculo rojo. Los candidatos del PAN y del PRI buscan posicionarse en el segundo lugar para desde ahí lanzar su ataque final en contra de López Obrador, pero antes deben destruirse entre ellos mismos. El instrumento de guerra principal son las campañas negativas o de ataque.

La diferencia respecto a 2006 es que en aquella campaña los segundos lugares —Calderón y Madrazo— se lanzaron desde el primero momento en contra de AMLO, mientras que ahora se trata de una guerra previa entre Meade y Anaya que, en opinión de muchos, podría estar fortaleciendo a López Obrador. Otra diferencia es que ahora las campañas, formalmente hablando, no han empezado todavía (en 2006 empezaron el 18 de enero).

Otra diferencia es que el porcentaje de población que demanda un cambio es mayor ahora —casi 70% de la población y ello implica también que hay más ira en contra del gobierno y de la clase política en general. Otra diferencia es que los negativos de AMLO han disminuido, pero también es cierto que podrían activarse por alguna reacción suya o por algún suceso de sus colaboradores. Finalmente, ahora hay seis candidatos en contienda —en 2006 fueron cinco— y ello puede fragmentar el voto de quienes buscan castigar al gobierno.

*Se recogen fragmentos del libro Así lo viví (Ugalde, Grijalbo, 2008).

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.