Diez deseos electorales para el 1 de julio
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Diez deseos electorales para el 1 de julio

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Diez deseos electorales para el 1 de julio

26/06/2018
Actualización 26/06/2018 - 9:57

1.- Que haya una copiosa votación. Que se supere el 63 por ciento de 2012. Si el domingo votara 65 por ciento de la lista nominal, significaría casi 58 millones de mexicanos.

2.- Que no haya 'madruguetes' a partir de las seis de la tarde cuando cierren las casillas. En 2017, por ejemplo, el presidente del PAN apareció en TV apenas marcaba el reloj un segundo después de la hora para anunciar que su partido había ganado las tres gubernaturas en disputa (Coahuila, Nayarit y el Estado de México). No había datos ni actas ni nada, pero Ricardo Anaya ya se proclamaba ganador. Cuando se conocieron las cifras de los cómputos acusó fraude y jamás pagó el precio de tal osadía. En 2016 se disputaron 12 gubernaturas. Entre las seis y las ocho de la noche hubo casi 30 candidatos que se proclamaron ganadores. Luego, cuando se supieron los resultados de conteos rápidos, simplemente guardaron silencio.

3.- Que se acepten los resultados del conteo rápido que anuncie el Instituto Nacional Electoral (INE) a las 11:00 pm. En 2006, Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón se declararon ganadores tan pronto el entonces IFE anunció que había un empate técnico que impedía saber quién había ganado la elección. Luego AMLO impugnó el resultado y también desconoció el veredicto final del Tribunal Electoral semanas después.

4.- Que además de aceptar el resultado, los perdedores feliciten al ganador y logremos una noche de celebración, en lugar de una de enfrentamiento. Que las elecciones se definan políticamente por la concesión de los perdedores, no por la vía jurídica a través de los tribunales. López Obrador inauguró el encono en 2006 cuando acusó un fraude que nunca ha probado. Ahora él puede resultar ganador en una elección organizada por la misma institución que presuntamente le robó la elección hace doce años.

5.- Que el presidente Enrique Peña Nieto actúe con responsabilidad y reconozca el resultado, gane quien gane. Que ofrezca condiciones para que inicie un proceso de entrega-recepción de la administración pública federal ordenado y amigable que permita una sana colaboración entre el gobierno entrante y el saliente. Ello permitiría un Presupuesto responsable para 2019, limitaría las ocurrencias de un equipo nuevo y ayudaría a tender puentes de colaboración. Para que la eventual alternancia sea virtuosa es necesario propiciar la cooperación y el entendimiento, no la ruptura.

6.- Que los mercados financieros reaccionen con calma la mañana del 2 de julio. Casi todos han descontado ya un eventual triunfo de AMLO y 'pagarán por ver'; es decir, irán midiendo la evolución del periodo de transición y el desempeño del nuevo gobierno. En su momento retirarán inversiones si perciben riesgo.

7.- Que pierdan el registro los partidos oportunistas. Por ejemplo, el Partido Verde, aliado histórico del PRI, ahora se acerca a Morena y traiciona a quien le dio cobijo, recursos y acceso. Ese partido ha sido denunciado en múltiples ocasiones de violar la ley electoral y varios de sus dirigentes han sido señalados por su frivolidad y uso patrimonialista de los recursos del partido. Uno de sus candidatos al Senado declinó por Morena en pleno debate. En Tabasco, el candidato a gobernador manifestó su apoyo a Andrés Manuel. En Chiapas, miembros del partido están pidiendo el voto cruzado a favor de López Obrador y de su candidato a gobernador. En la CDMX, la candidata del PVEM dijo explícitamente que su partido no tenía “nada que ver” con el PRI.

También el Partido del Trabajo, el cual no alcanzó el umbral del tres por ciento de la votación para diputados federales y perdió su registro en el proceso electoral de 2015. Gracias a la extraña anulación de una elección de diputado federal en Aguascalientes y a una elección extraordinaria en la que el PRD no presentó candidato, el PT pudo obtener los votos necesarios para recuperar su registro como partido federal.

8.- Que se cierre el círculo perverso de desconfianza en el sistema electoral que lo ha encarecido y que ha desviado la atención de lo urgente: cómo atacar el financiamiento ilegal de campañas y cómo expandir la calidad del debate político. Asimismo, que replanteemos el modelo de organización electoral. Necesitamos más tecnología (por ejemplo, urnas electrónicas), menos dispendio (modificar la capacitación que se basa en la insaculación de ciudadanos) y que la identificación de electores sea una tarea del Estado mexicano (por ejemplo, vía el Inegi).

9.- Que haya voto diferenciado para mantener los pesos y contrapesos propios de una democracia presidencial.

10.- Como es imposible que se cumplan todos estos deseos, al menos deseo que logremos exorcizar el madruguete como una práctica decimonónica de la política mexicana y que los perdedores tengan la dignidad y la madurez para reconocer el resultado. Si el probable ganador no tuvo esa cortesía en el pasado, sus adversarios pueden dar una cátedra de decencia política.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.