Degradación del debate público
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Degradación del debate público

COMPARTIR

···

Degradación del debate público

06/11/2018
Actualización 06/11/2018 - 12:12

La degradación política inicia con la degradación del lenguaje. La democracia implica deliberación pública, eso es, discutir puntos de vista alternativos, dar razones y contrarrazones, proporcionar datos y hechos. Pero, sobre todo, el debate público requiere mantener la lógica argumentativa. La degradación política surge cuando el resultado de A + B es el que cada uno quiere que sea sin tomar en cuenta lo que nos dice la evidencia. En ese momento se rompe la regla básica de la convivencia democrática.

A López Obrador le gusta simplificar la realidad y caricaturizar el comportamiento de sus adversarios: la mafia del poder, los fifís, los neoporfiristas. Ha hecho leyenda de la sombra de Salinas de Gortari como un ser maquiavélico que maniobra los hilos del poder en México. Es su forma de que el pueblo entienda lo que está diciendo. Pero no sólo es pedagogía, sino también distorsión de los hechos.

En una emisión del programa Tercer Grado dijo que usaba el término “mafia del poder” porque necesita “informar, orientar, concientizar; esa es mi labor, ese es mi trabajo”. Y explicó por qué no podía matizar: “Si utilizo inclusive un lenguaje técnico, si utilizo conceptos rebuscados (…) pero yo tengo que hablar para que se entienda, hablar muy claro”.

Pero en su afán “pedagógico” tuerce la lógica y saca conclusiones de premisas falsas, invierte causas y consecuencias, adjudica motivaciones a los otros y, lo más peligroso, crea falsos dilemas o diagnósticos incompletos: “Texcoco o Santa Lucía”. “No a la reforma punitiva, abajo la reforma educativa”. “Si el precio de la gasolina sube, es reflejo del fracaso de la reforma energética”.

Cito un tuit de un seguidor de AMLO sobre la cancelación del NAIM: “Fíjense en los personajes que defienden el NAIM: Fernández de Cevallos, Felipe Calderón, López-Dóriga, obviamente todos los prianistas, por mencionar algunos. Por ese único detalle, está podrido ese proyecto”. Argumento falaz a toda vista, solamente recurre a la figura de adversarios malévolos para justificar el destino de una política pública de la mayor relevancia.

Otros argumentos prescinden por completo de la evidencia y acreditan la decisión apelando a las emociones del público. El presidente de la Fundación Rosenblueth, encargado de la consulta del aeropuerto, habló de pasado para defenderse de la crítica: “Nadie consultó a los mexicanos sobre el Fobaproa o la guerra contra el narco, y fue el pueblo quien pagó estos graves errores de gobiernos anteriores…”.

Quienes disienten de López Obrador son tachados de derechistas, clasistas, fifís, neoporfiristas y mafiosos. Si cuestionas alguna declaración, quieres bloquear la cuarta transformación. Apenas antier se suscitó un debate por la portada del semanario Proceso. Ahí se podía leer “AMLO se aísla. El fantasma del fracaso” a lo que la futura primera dama contestó: “Todavía no toma posesión y ya está «solo» y a punto del «fracaso». El conservadurismo, de izquierda o de derecha, nubla el juicio y da pie a conjeturas fantasiosas (…)”.

Apenas se convocó a una marcha para protestar por la cancelación del aeropuerto en Texcoco surgieron burlas con eslóganes como “Texcoco, aguanta, Polanco se levanta” o “Chairo culero, mi vuelo es primero” y muchos más. Ciertamente la narrativa de los convocantes es errática: piden que los asistentes vistan de negro en señal de luto, a lo que los seguidores de AMLO respondieron que era una pena que gente saliera a marchar de negro por el NAIM cuando jamás lo han hecho por las víctimas de la guerra contra el narcotráfico. Recordar que en 2004 hubo una marcha de segmentos de la clase media en contra de la inseguridad y en aquel entonces los seguidores de AMLO la descalificaron diciendo que era la marcha de los “pirrurris”.

Como otros líderes políticos de su estilo, el discurso de López Obrador está hecho para polarizar, construir una defensa del movimiento y fortalecer el culto a su líder. Es imperativo que se combata esa polarización artificial, porque no parte de posiciones naturales, ni del uso de los hechos y la historia, menos de un debate abierto y vigoroso. Lo que el estilo de López Obrador ha provocado en los últimos años es la burla, la descalificación y la mofa. Lo que los temores irascibles de sus detractores han causado es más burla y descalificación (y, desafortunadamente, muchos detractores de López Obrador han recurrido en días recientes a la ofensa para tachar de ignorantes y muchas otras cosas a los seguidores de AMLO).

Rápidamente se construye el caldo de cultivo para la polarización. El presidente electo y otros líderes políticos, sociales y empresariales deben convocar a la mesura, porque en esa medida la propia investidura presidencial saldrá fortalecida. A nadie conviene el simplismo retórico de los buenos contra los malos. Es mala historia y es pésima política.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.