Opinión

Luces de Cioran

De pronto a Gil le gustaría estar en algún lugar del porvenir para voltear atrás, como lo hacía el ángel del progreso de Walter Benjamin, y ver estos días extraños desde allá. El futuro le da lógica a los hechos del pasado pues se sabe entonces lo que ha ocurrido en el presente.

¿Cómo ven a Gil haciendo poetry con la idea del tiempo? No hay aún máquinas que nos transporten en el tiempo, pensaba Gil no sin melancolía frente a sus libreros. Si hubiera que escoger a un autor para estos días mexicanos, ése podría ser Cioran. Gamés tomó dos libros: El ocaso del pensamiento, publicado por Cioran en 1940 y traducido en los noventas al idioma español por la editorial Tusquet, y Cuadernos 1957-1972, publicado también por Tusquets. Gilga arroja unos cuantos aforismos a esta página del fondo.

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Todo error es una verdad antigua. El error es una verdad que ya no tiene alma, una verdad desgastada y que espera ser revitalizada.

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Dios, para obligar a los solitarios a la cobardía, ha creado la sonrisa, anémica y aérea en las vírgenes, concreta e inmediata en las mujeres de la mala vida, tierna en los viejos e irresistible en los moribundos. Por otro lado, nada prueba más que los hombres son mortales que la sonrisa, expresión del equívoco desgarrado de lo efímero.

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La tristeza es un aislamiento sustancial de nuestra naturaleza, a diferencia de la dispersión ontológica de la felicidad.

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Debería escribir un Tratado de las lágrimas. Siempre he sentido una inmensa necesidad de llorar (en lo que me siento muy próximo a los personajes de Chejov). Lamentarlo todo mirando al cielo fijamente durante horas… a eso dedico mi tiempo, cuando esperan de mí trabajos y por todos lados me instan a la actividad.

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La enfermedad de un hombres se mide por la frecuencia con que aparece la palabra “vida” en su vocabulario.

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La verdad es un error exiliado en la eternidad.

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Sufrir es la manera de estar activo sin hacer nada.

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La neurosis es un estado de hamletismo automático. Confiere a quien la padece atributos de genio sin la ayuda del talento.

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Un libro es fecundo y duradero si se presta a varias interpretaciones diferentes. Las obras que se pueden definir son esencialmente perecederas. Una obra vive por los malentendidos que suscita.

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Un escritor no debe expresar ideas, sino su ser, su naturaleza, lo que es y no lo que piensa. Sólo podemos hacer una obra verdadera, si sabemos ser nosotros mismos.

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El error más grave que puede cometer un escritor es el de proclamar que no lo aprecian en su justo valor. Tenemos derecho a quejarnos como hombres, pero no como escritores.

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Un manuscrito guardado demasiado tiempo en casa se vuelve un huésped incómodo. No sabemos cómo deshacernos de él, como ponerlo en la calle. En ese momento de desesperación es cuando acudimos al editor.

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La envidia es el sentimiento más natural, el más universal también, ya que los propios santos se envidiaron entre sí. Dos hombres que hacen la misma cosa son enemigos virtuales. Un escritor puede admirar sinceramente a un torero, pero no a un colega.

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Sólo se escribe con pasión, con verdad, cuando se está acorralado. La mente trabaja bajo presión. En condiciones normales parece improductiva, se aburre y aburre.

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Toda enfermedad encierra una especie de canto.

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El universo no es serio, hay que tomarlo trágicamente en broma.

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Todas las preguntas se reducen a esto: ¿cómo puedes no ser el más infeliz?

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La vida únicamente merece ser vivida por las delicias que florecen sobre sus ruinas.

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El futuro: el deseo de no morir, traducido a una dimensión corporal.

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Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los meseros se acercan con charolas cargadas de Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular esta frase de Jean Cocteau por el mantel tan blanco: “Mi pesimismo no es sino una variedad del optimismo”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX