¿Quién es el peligro para México?
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¿Quién es el peligro para México?

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¿Quién es el peligro para México?

21/05/2018
Actualización 21/05/2018 - 10:48

Después de ver la disputa por un anuncio promovido por el sector privado, donde ridiculizaba a los candidatos personificados en niños y con un claro interés por imponer su punto de vista o, peor aún, por manipular o influir en la elección presidencial pasándose la Constitución por el arco del triunfo, con la creencia de que quien pega primero pega dos veces y pensando que en lo que reaccionaba el INE ya se habría visto y su prohibición sólo le daría más publicidad.

Está bien que los hombres del dinero sientan o piensen que están sobre todos los mortales y que pueden hacer lo que quieran sin importar las leyes y, sobre todo, la propia Constitución; de hecho, siempre han querido influir e imponer sus puntos de vista, aunque saltarse un ordenamiento constitucional, con alevosía y ventaja, como que ya es una exageración.

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Viendo esto, no sería más fácil concluir que cuando un grupo quiere -sobre las leyes mexicanas- influir para cambiar un resultado democrático, que este grupo es el verdadero peligro para México y no alguien al que la mayoría apoya para dirigir el país. No podemos permitir que un grupo, buscando, según ellos, el “bien mayor”, lo hagan transgrediendo la ley o violando el artículo 41 de la Constitución base lll, apartado A, penúltimo párrafo, el cual prohíbe la contratación de medios para influir en la preferencia electoral, sin importarles que su acción pudiera ayudar a impugnar la elección. Y no sólo eso, sino que amenazan con sacar su dinero, cerrar sus fábricas e irse del país. Ahora bien, ¿quién les dice que ellos saben lo que le conviene al país?

Bueno, hasta López Portillo en su momento acusó a “los enanos del tapanco” que se dedicaban a criticar y ocultarse, vamos, a tirar la piedra y esconder la mano.

Ah y sólo por no dejar: Banxico, ¿cuántos días llevas sin intervenir en la cotización peso-dólar?

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Ahora bien, con este tema recordé otro asunto parecido, donde también se quejaron, donde tampoco les pareció, pero no se atrevieron a llegar a tanto.

Les cuento: Era el momento del reinicio de la relación con la madre patria, donde como hijo pródigo iba el presidente López Portillo a España a reencontrarse con las familias, los ancestros, las memorias, los amores, las nostalgias y, al mismo tiempo, a compartir visiones de futuro, necesidades, posibilidades y sobre todo nuevas realidades.

En esa visita invitaron al presidente mexicano a las cortes, donde habló una legendaria líder comunista apodada 'La Pasionaria' y explicó, en el contexto de la apertura en su país, lo importante que era darle salida institucional a la disidencia, a los jóvenes que veían en la izquierda una opción real de desarrollo y que cerrarles posibilidades sólo haría que se radicalizarán y que lo mejor era integrarlos al desarrollo del país.

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Me imagino que esa fue la semilla de la reforma política que permitió a nuestra juventud inconforme integrarse a la vida pública de México y buscar el cambio a través de las instituciones.

Hubo entonces, como ahora, varios miembros del sector privado a quienes no les gustó que se integrara a esos “muchachos facciosos y comunistas” a la vida institucional.

Sin embargo, gracias a esa visión de futuro y de apertura, México fue de los pocos países de Latinoamérica que resolvió sus contradicciones en las cámaras, con la palabra, con las ideas, con los argumentos en lugar de con la lucha, con la guerrilla, con la muerte, con el sacrificio de mexicanos que, equivocados o no, sólo buscaban nuevos espacios de libertad.

Este grupo de miembros del sector privado entonces eran más bien críticos de café o de tertulias familiares (aunque al final de ese sexenio ya subieran sus críticas a niveles casi publicitarios); pero hoy estamos iniciando con faltas a la Constitución; para mí, eso es pasarse de la raya. Su interés no puede estar arriba de nuestra Carta Magna. Bueno, eso digo yo. ¿Ustedes qué opinan?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.