Intocables, los de abajo
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Intocables, los de abajo

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Intocables, los de abajo

27/07/2018
Actualización 27/07/2018 - 9:46

“La sociedad siente que los FUNCIONARIOS públicos no han cumplido y que tienen PRIVILEGIOS (forman 5.0 por ciento superior de la pirámide, la aristocracia del servicio público)”, me dice una persona muy cercana al virtual presidente electo, López Obrador. Y continúa, “quieren que se eliminen esos privilegios y que aumenten los ingresos de la burocracia. Ese es el mandato del 1 de julio y Andrés lo va a cumplir”.

Tras escucharlo, le cuestiono. No lo han sabido comunicar y los funcionarios públicos de todos los niveles, y con justa razón, están muy ansiosos. “Tienes toda la razón. Alguien debe sentarse a explicar”, me contesta. “Digamos que la gente ya asumió que es la dueña de la empresa. Están corriendo al CEO y que los directivos dejen de tener bonos, choferes y demás privilegios, al menos hasta que produzcan ganancias”.

Y aquí viene la nota, ojo: “A los de abajo no los van a tocar. El asunto es con los que dirigen. De jefes de departamento para abajo no pasará nada. Los de base, al contrario, igual y les suben el salario un poco más que la inflación”. En el Servicio Exterior Mexicano también hay mucha incertidumbre. ¿Qué pasará con ellos, también entrarán en el recorte de la austeridad republicana? “No, a ellos tampoco se les tocará”.

El tema de la descentralización de varias secretarías también está siendo un problema. ¿Qué secretarías moverán? ¿Para cuándo? ¿Cómo apoyarán a los trabajadores? Es muy prematuro hablar de este tema pues, aunque varios secretarios propuestos para el gabinete ya lo están asegurando, es muy caro y no hay dinero ahorita para poderlo hacer. Vámonos pian, piano.

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Dentro del mundo de la política es común encontrarse con descendientes de expresidentes cuyas actitudes dejan mucho que desear. Afortunadamente no todos los descendientes de la clase política son así. Ejemplo de esto son los bisnietos de Gustavo Díaz Ordaz: los pequeños Santi, Pame y Pau, quienes, a su corta edad, demuestran, a través de sus redes sociales, que tener lazos con la clase política no significa ser protagonistas de escándalos. Pau, quien está a punto de cumplir 10 años, es la mayor de los hijos de Jesús Sesma, coordinador de los diputados del PVEM, y Paulina Díaz Ordaz, la nieta del expresidente; hoy se ha convertido en la primera influencer de su edad en subir videos tratando de ayudar a otros niños a alcanzar sus sueños. ¡Quihúboles!

Por su parte, Pame, con ocho años, se ha convertido, en poco tiempo, en una referencia de la decoración y las manualidades. ¡Así cómo lo están leyendo! Además, como es amante de los animales, promueve muchísimo el cuidado del medio ambiente. El más travieso, sin temor a equivocarme, es el pequeño Santi. Ojo, eh, pues aunque sólo tiene seis años ya se perfila como todo un experto en videojuegos y temas de entretenimiento. Obvio, sus padres los han apoyado en todo momento; de hecho, Pau es quien está detrás de la cámara y quien los asesora con ideas frescas. En fin, los hermanos Sesma Díaz Ordaz han sido una bocanada de aire fresco que nos recuerda lo divertido que es ser niño. Muchas felicidades.

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Con esta aseveración me recibió el próximo gobernador de Yucatán, Mauricio Vila. En sus primeros 100 días de mandato, me dijo en entrevista, trabajará para cambiar la situación de atraso que hay en los servicios de salud, tema que se ha convertido en el más doloroso para su estado. Que los únicos que no están invitados a este nuevo Yucatán son los corruptos. Por lo que el decálogo presentado al inicio de su campaña se convertirá en una realidad para revertir la impunidad. Para lo cual creará el Consejo Ciudadano del Presupuesto a nivel estatal, el cual servirá para que los yucatecos puedan opinar sobre el destino de los recursos públicos y vigilar el cumplimiento de los objetivos. Ah, y que organizará audiencias públicas para que los yucatecos puedan platicar con él de manera directa y sin ningún intermediario.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.