2018, el nuevo ciclo electoral latinoamericano
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2018, el nuevo ciclo electoral latinoamericano

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2018, el nuevo ciclo electoral latinoamericano

28/12/2017
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El año próximo habrá elecciones generales en siete países latinoamericanos: Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, México, Paraguay y Venezuela. De alguna manera, este calendario electoral comenzó este mes en Chile, con el triunfo de Sebastián Piñera, en segunda vuelta, contra Alejandro Guillier, el candidato de la coalición gobernante. Guillier no pudo vencer a su adversario, principalmente por su asociación con la presidenta Bachelet, desgastada por las protestas estudiantiles y los casos de corrupción que implican a su familia.

Es interesante observar el punto de quiebre que ocurrió por primera vez desde la transición en Chile. La participación electoral fue la más baja desde 1990 (46 por ciento en la primera vuelta). La izquierda logró su porcentaje más alto de votación y de escaños desde la presidencia de Salvador Allende. Los partidos nuevos tendrán una gran representación en el Congreso, casi 20 por ciento. Habrá también mayor presencia de mujeres e incluso representación del pueblo mapuche. Esto supondrá que Piñera no podrá gobernar solo y tendrá que negociar con los opositores su programa de gobierno.

Latinoamérica en general, con una historia turbulenta en el siglo XX entre gobiernos civiles débiles y juntas militares, se ha transformado en los últimos treinta años de manera positiva. Hoy la mayoría de los países tienen instituciones democráticas funcionales, sociedades civiles organizadas cada vez más exigentes con el combate a la corrupción, la transparencia y la rendición de cuentas, y economías integradas a los flujos comerciales y de inversión globales.

Sin embargo, los ciudadanos de los países latinoamericanos están profundamente insatisfechos con la democracia, principalmente por el desempeño de las clases políticas, ineficaces para enfrentar los problemas más graves (desigualdad, pobreza, inseguridad y crimen organizado), en medio de escándalos de corrupción trasnacionales.

Con Estados Unidos ensimismado y la mayoría de los países enfrentando elecciones propias, el escenario podría favorecer el regreso y la consolidación de opciones autoritarias. La falta de reacción ante el fraude perpetuado en la elección presidencial de Honduras y el agravamiento de la crisis venezolana por el endurecimiento de Maduro lo anticipan. Estos acontecimientos sientan precedentes que alientan tentaciones autoritarias de presidentes que pasan por encima de la ley de sus propios países. Evo Morales, en Bolivia, avanza con el respaldo del Tribunal Constitucional sus planes de reelección indefinida, a pesar de que ha perdido dos referendos a los que él mismo convocó. En Ecuador, Lenín Moreno tuvo que firmar un decreto para anular la reelección indefinida, para impedir las aspiraciones de su antiguo aliado, hoy rival, Rafael Correa, que insiste en volver al poder.

Otros países de la región no están exentos de sufrir retrocesos. En Perú, la oposición fujimorista intentó destituir al presidente Kuczynski por estar implicado en el caso Odebrecht, en un acto de control parlamentario con visos de golpe de Estado y que buscaba finalmente lograr el indulto del expresidente Fujimori. En Brasil, el candidato que ocupa el segundo lugar en intención de voto, después de Lula, es Jair Bolsonaro, un exmilitar de derecha que reivindica la dictadura, desdeña a las minorías raciales y sexuales y promete medidas radicales contra la delincuencia.

En Cuba hay interrogantes sobre quién sucederá a Raúl Castro, con gran incertidumbre por el futuro de las reformas con el enfriamiento de las relaciones con EU. En México, el hostigamiento de Trump y la falta de alternativas reales podrían llevar a promesas descabelladas de alguno de los candidatos. En Colombia podría darse un retroceso del proceso de paz encabezado por el presidente Santos.

En principio, en la mayoría de los países que tendrán elecciones el año próximo las opciones políticas moderadas parten de mayor ventaja para ganar en las urnas. Sin embargo, este consenso –inédito desde el final de los años 1990– se ve amenazado. Estados Unidos, el país que más lo impulsó hace casi veinte años, hoy lo rechaza. La reforma fiscal de Trump, que entrará en vigor el primero de enero, dirige al país hacia el proteccionismo comercial y financiero. Los países latinoamericanos tienen una contradicción constante en su acción exterior: acusan la injerencia estadounidense en sus asuntos internos, pero reclaman su atención ante situaciones políticas inciertas.

Al mismo tiempo, el gobierno de Trump relega las recomendaciones de los escasos diplomáticos de carrera que lo rodean y hace patente su desdén por la democracia y los derechos humanos en el sistema interamericano. Por lo anterior, hay dudas de que el orden vigente tenga las condiciones necesarias para perdurar. En ese caso, prevalece la incertidumbre sobre lo que sucederá en Latinoamérica en 2018, de manera similar a lo que sucede en el entorno mundial.

Twitter: @lourdesaranda

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.