Opinión

Los vuelos de José


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Joselito

La tarde del domingo 25 de octubre en la Plaza México tiene muchas lecturas, además del aclamado triunfo de la nueva figura mexicana, Joselito Adame.

Empecemos por la gran entrada que registró la Plaza México: alrededor de 30 mil personas se dieron cita para disfrutar de una de las tradiciones más bellas y arraigadas de nuestro país. Dentro de la plaza, 30 mil almas respetuosas, educadas y con el orgullo de defender sus derechos de forma activa, asistiendo a la plaza, como debe de ser. Afuera de la plaza antes del inicio de la corrida, menos de 100 personajes de índole incierta, vicios todos, broncos, falsarios e ignorantes —como bien los define un querido amigo— se despotricaban en insultos a señoras, niños y caballeros que llegaban al gran coso a disfrutar de un espectáculo cuya capacidad de asombro y emoción no lo tiene ningún espectáculo en el mundo.

Minutos antes de las 4:30 de la tarde, el ambiente era inmejorable, se podía sentir la electricidad y las ganas de disfrutar. El clima no pudo ser mejor; tras el susto del huracán Patricia pudo la meteorología echarnos a perder la fiesta, pero hasta en eso hubo suerte.

Zotoluco, Manzanares y Joselito Adame ante tres toros de Xajay y tres de Julián Hamdan conformaron un cartel atractivo. La corrida inició sin mayor brillo al abrir plaza un toro mansurrón de Hamdan con el que el Zotoluco estuvo entendido, sin aburrir y abreviando con la madurez del oficio y vitola de maestro. El quinto fue bronquito, se quedaba corto y cuando el Zotoluco lo dominó, el toro protestó aún más. La faena tuvo momentos encontrados al ser desarmado inoportunamente en un par de ocasiones, y la gente dejó de darle importancia a una labor muy para entendidos.

El segundo de la tarde tampoco mostró grandes opciones, pero cuando los toros medios se encuentran a toreros como Manzanares, hay posibilidad de faena. La elegancia, porte y torería de José Mari Manzanares tienen cabida en cualquier plaza de México. El alicantino estuvo esforzado ante un lote sin mayores opciones, exponiendo y brindando su personal estética acompañada de valor y buen quehacer. Cortó una oreja a su primero y ante su segundo estuvo en torero malogrando con la espada una buena faena.

La locura fue el tercero, un toro muy bien hecho de Julián Hamdan, con el tipo del toro mexicano: serio de cara, no de excesivo volumen pero con trapío. Desde su salida, “Imborrables Momentos”, número 26, emocionó al tendido por su acometividad al capote suavemente manejado de Joselito Adame. La gente con el matador desde el paseíllo, haciéndole sentir su cariño y demostrándole que su ausencia el año pasado le había dolido al público. Joselito, aquel niño torero de hace más de una década, hoy es un pedazo de torero; su tauromaquia ha alcanzado un gran nivel, se le ve seguro, dueño de la situación y con innumerables recursos técnicos para poder dar rienda suelta a su sentimiento torero. ¡Qué manera de torear! Si bien el toro reunió grandes cualidades, Adame las hizo lucir e incrementar a lo largo de la faena de muleta. El toro, además de poder, transmitía con alegría su voluntad de embestir; con la cabeza muy abajo, este toro rindió un homenaje a su raza, a la bravura y a su derecho a existir.

Éxtasis total, bellísimos muletazos, emoción a raudales y el orgullo de una historia de éxito que los taurinos debemos difundir, la de un hombre que siendo niño se fue para España a perseguir un sueño, con enormes sacrificios, disciplina y entrega total a su objetivo. Joselito es hoy una figura del toreo, nunca buscó el camino fácil, no lo hay, ni en el toro ni en la vida. ¡Qué orgullo, José! Es usted un ejemplo para todos los mexicanos, su historia hay que contársela a los niños, su actitud es una lección de vida y el triunfo de ayer la recompensa al trabajo y a ser torero.

Tres orejas, salida a hombros y el inicio de lo que debe ser una gran temporada de toros en la capital.

Twitter: @rafaelcue

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