Opinión

Los tuits de Calderón y la mala leche de Cordero

La semana pasada el expresidente Calderón marcó como “favorito” un tuit de la empresa Parametría que daba cuenta de la baja aprobación del presidente Peña Nieto.

Otro tuit “favorito” de Felipe Calderón decía que sólo “34 por ciento de la población piensa que el país va por el camino correcto”.

Se trata de una inusual manera de expresar regocijo porque a su sucesor le está yendo mal. Inusual porque el expresidente no había entrado en esos terrenos.

En lugar de dar pellizcos en redes sociales, Felipe Calderón podría ir de lleno al debate, si eso es lo que quiere, aunque no necesariamente saldría bien librado.

La economía creció de manera raquítica en su sexenio y entregó un país inmerso en la violencia y en la debilidad institucional. Por algo su partido fue tercero en las elecciones de 2012.

Ahora no estamos mejor, y eso lo resalta Felipe Calderón. Está en su derecho.

Donde sí hay mala leche es en el caso de Ernesto Cordero, que comparó a Peña Nieto con Díaz Ordaz.

Lo sabe Cordero: no fue una decisión de Estado desaparecer a los normalistas, sino que fue una orden del alcalde narco que llegó al poder postulado por la alianza PRD-PT-MC.

Y llegó al poder en una entidad que tenía por gobernador a un expriista que fue electo con el apoyo de la izquierda y del PAN.

Precisamente esas alianzas electorales PRD-PAN fueron las que llevaron al PRI a no apoyar algunas reformas durante el sexenio anterior.

La esquizofrenia de ir con el PRD en los estados para acabar con el PRI, y exigir el apoyo del PRI en el Congreso porque no contaba con el respaldo de sus aliados perredistas, fue el principal error del PAN.

Ese error le impidió a los panistas sacar reformas de gran calado y desperdiciaron la bonanza petrolera de 100 dólares por barril.

Volvamos al punto: ¿Peña Nieto es un Díaz Ordaz por la desaparición de los 43 normalistas? Claro que no. Miente Cordero, y lo hace con dolo y oportunismo.

En el sexenio de Calderón, en marzo de 2011, sicarios de Los Zetas llegaron en 40 camionetas al poblado de Allende, en Coahuila, saquearon las casas durante días y se llevaron a 300 personas que desaparecieron para siempre, como lo recordó hace un par de semanas Román Revueltas en Milenio.

¿Acaso fue un Díaz Ordaz el entonces presidente Calderón por ese crimen colectivo, superior en número a la tragedia de los normalistas? Desde luego que no, aunque según la lógica de Cordero habría que responder que sí.

En 2010 fueron asesinadas con lujo de crueldad 72 personas en San Fernando, Tamaulipas. Era el gobierno de Felipe Calderón, con Cordero en el gabinete.

Un año después, en 2011, ahí en Tamaulipas se encontraron 193 cadáveres de migrantes centroamericanos en fosas clandestinas, asesinados por pandillas similares a las que desaparecieron a los normalistas de Ayotzinapa.

¿Esas muertes convertían a Felipe Calderón en un asesino que debía ser sentado ante un tribunal internacional, por crímenes de lesa humanidad?

Fui de los que escribieron en contra de esa pretensión, porque Calderón no ordenó ni consintió los crímenes. Sus acusadores me parecían oportunistas que usaban la tragedia para sacar provecho partidista.

Actuaban como hace Cordero hoy, de manera dolosa y oportunista.

Twitter: @PabloHiriart