Opinión

Los tiempos del nuevo aeropuerto

 
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Pocos los reconocen, pero en tiempos de turbulencia el número de postores nacionales y unos cuantos internacionales afectados por la inestabilidad económica mundial para participar en las distintas licitaciones que permitirán levantar el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) es reducido.

En las últimas horas se confirmó que Carso Infraestructura mediante una asociación con Prodemex (Promodora y Desarrolladora Mexicana), Grupo Gia y Grupo Hermes, participará en la licitación para construir dos pistas de las seis pistas del conjunto aeroportuario.

Sin embargo, éste proyecto de largo plazo ha venido experimentando atrasos en los tiempos ofrecidos inicialmente ante la complejidad de su planeación y edificación. Sólo ésta convocatoria se ha aplazado y ya desfasó la estimación de inicio de obras prevista para el 12 de julio próximo. Se trata sólo de una licitación de las múltiples que se requieren para llegar a la fecha prometida de inicio de operación: octubre de 2020.

Entender la complejidad de un megaproyecto así, sugiere maginar el consenso que se debe generar en torno a gigantes del tamaño de Norman Foster, la firma de estructura Arup (cuyo primer proyecto en México fue justo la Torre Reforma), Parsons, Netherlands Airports Consultants (NACO) y otras compañías involucradas en el plan maestro. A éste grupo se integrarán el resto de grupos postores por ingresar a las distintas fases de edificación, tecnología e incluso fondeo.

Es por ello que el fondo del momento que se vive en el proyecto parte de distintos enfoques que conviene reflexionar. El inmediato es producto del impacto generado por la inestabilidad cambiaria a partir del referendo Brexit, que ya provocó un nuevo recorte presupuestal del gobierno federal.

El tema es relevante porque junto con otros polos de desarrollo, la nueva terminal aérea es una de las columnas vertebrales del gran proyecto de ciudad que se ha buscado desde su anuncio.

Aquí hemos hablado del caos que se vive en distintos puntos, antes de su operación que por sus dimensiones generará residuos que impactarán en materia ambiental, a pesar de los procesos de certificación LEED (Leadership in Energu & Enviromental Design) con que contará el proyecto.

La Secretaría de Desarrollo Económico del gobierno de la Ciudad de México ha señalado que los estudios que determinarán el futuro urbano de los terrenos donde se instalará quedarán listos éste 2016. Sin embargo, al paso del tiempo ha quedado poco claro qué sucederá con las 761 hectáreas, que en su mayor parte corresponden a la ciudad.

La operación de ésta nueva infraestructura demanda estimar aspectos como la movilidad, seguridad, redensificación y asignación de usos de suelo que hagan factible crear un polo de desarrollo en la metrópoli.

Lo anterior importa si se consideran las reducidas oportunidades de tierra, de la necesidad de crecer en vertical y de cómo al paso del tiempo el fenómeno de caos urbano han alcanzado a la entidad central del país.

Más aún, algunos funcionarios del gobierno han dicho que previo a su operación el nuevo aeropuerto debería garantizar que se resuelva el problema de abastecimiento de agua en delegaciones circunvecinas como Iztacalco, Gustavo A. Madero, Iztapalapa y Venustiano Carranza.

Justo a la mitad del 2016 los estudios complementarios y la cabalidad en los tiempos de las licitaciones, son clave para fortalecer el sano desarrollo de éste megaproyecto de ciudad.

Twitter:@claudiaolguinmx

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