Opinión

Los 'tapados'

 
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priismo

La tradición priista del 'tapado' era propia de un sistema presidencialista absoluto de duración sexenal, cuya disciplina sobre la decisión del primer mandatario no se cuestionaba de forma alguna. La recuperación de la presidencia por parte de los tricolores en 2012, significó el triunfo de una alianza de gobernadores en torno a la figura de otro, Enrique Peña Nieto, y con ello la restauración al interior del PRI del poder del presidente como el elector más importante.

A diferencia del pasado, donde la autoridad del monarca sexenal sobre el partido era permanente, en estos momentos los resultados electorales en comicios federales intermedios y en la elección de gobernadores, aumenta o disminuye la influencia del presidente sobre el partido.

La apretada victoria en el Estado de México le permite a Peña Nieto maniobrar con cierta fuerza al interior del PRI, y principalmente en lo referente a la designación del candidato presidencial. Es aquí donde el tema de la fuerte tendencia electoral que ha visto crecer el voto antipriista, se vuelve fundamental para elaborar una estrategia para 2018.

Difícil pensar en que en unos cuantos meses este fenómeno pueda revertirse, y es por ello que los estrategas priistas siguen pensando en la necesidad de una elección fragmentada como la del Estado de México o Coahuila, como posibilidad de situarse a la cabeza de los partidos de la minoría de 30 por ciento.

Es por ello que el gobierno federal y el PRI harán hasta lo imposible por evitar la formación del Frente Amplio Democrático (FAD), o cualquier otra coalición que permita superar la barrera del 30 por ciento, en donde el PRI y sus aliados se encuentran situados.

La declaración de López Obrador de ir sólo con el PT es exactamente lo que querían escuchar en Los Pinos como parte de esa visión que sitúa al tabasqueño y sus fieles por debajo de la banda del 30 por ciento. En este contexto y en función de si PAN y PRD logran concretar el FAD, es que el PRI con Peña a la cabeza tendrán que decidir qué candidato enfrentar a sus adversarios.

Si la tendencia a mantener la candidatura priista dentro del grupo del presidente se mantiene, la figura de Osorio Chong tendrá que ser desplazada por principio. Si Peña mantiene el control del partido, su abanico de posibilidades se reduce prácticamente a tres candidatos: Aurelio Nuño desde la SEP, como su opción creada a lo largo del sexenio, frente a las candidaturas surgidas desde la Secretaría de Hacienda.

Ahí Peña cuenta con dos cartas: la de José Antonio Meade, cuya figura ha venido creciendo en el manejo de las finanzas públicas y por lo que se perfila como un aspirante viable, siempre condicionado por la posición del político más poderoso en el gabinete, el canciller Luis Videgaray.

Videgaray apuesta todo su capital político a una renegociación rápida y productiva del Tratado de Libre Comercio, como condición indispensable para poder pensar en la candidatura. Es por eso que hoy rechaza cualquier posibilidad de ser considerado como opción para el PRI, hasta en tanto el tema comercial con Estados Unidos no se resuelva.

En todo caso, cualquiera que sea la decisión que Peña y la dirigencia priista tomen con respecto a la candidatura presidencial, el factor fundamental para tomar en cuenta es hasta qué punto el candidato escogido es capaz de revertir el antipriismo a nivel nacional y poder enfrentar a una oposición unida o fragmentada.

Sólo condiciones excepcionales harían que el presidente impulsara un candidato ajeno al grupo de poder compacto que gobierna. Voltear hacia el secretario de Gobernación o hacia figuras fuera de su primer círculo, como el doctor José Narro, serían parte de un plan B frente a variables hoy no consideradas como fundamentales para encontrar al tapado dentro del PRI.

Twitter: @ezshabot

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