Opinión

Sentimientos antiausteridad, más
allá de Grecia

 
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Krugman. Los sentimientos anti austeridad se diseminan más allá de Grecia.

Acabamos de tener otro terremoto electoral en la Eurozona: candidatos apoyados por el partido anti austeridad Podemos han ganado las elecciones locales en Madrid y Barcelona. Y espero que las instituciones anteriormente conocidas como la Troika (IFKAT, por su sigla en inglés) estén prestando atención.

La esencia de la situación griega actual es que los parámetros de un acuerdo de corto plazo son claros e inevitables: Grecia no puede registrar un déficit presupuestal primario, porque nadie le prestará dinero al país. Y no registrará (y básicamente no puede registrar) un superávit primario grande, simplemente porque ya no se puede sacar más agua al desierto. Así que podríamos pensar que sería fácil alcanzar un acuerdo para que Grecia registre un superávit primario modesto en los próximos años. Eso es lo que va a pasar, ¿así que por qué no oficializarlo?

Pero ahora el Fondo Monetario Internacional (FMI) está jugando al policía malo, declarando que no puede liberar fondos hasta que el partido Syriza de Grecia se ajuste a una reforma al sistema de pensiones y al mercado laboral. Esto último conlleva una economía dudosa; la propia investigación del FMI no confiere entusiasmo a las reformas estructurales, especialmente del mercado laboral. Lo primero probablemente reconozca un problema real (es improbable que Grecia vaya a poder cumplir lo que ha prometido a sus pensionados), pero ¿por qué debería ser un tema por encima de la cuestión general del superávit primario?

Lo que urgiría que hicieran todos es preguntarse qué pasaría si Grecia de hecho fuera forzada a abandonar la Eurozona (sí, se llama “Grexit”, una palabra fea, pero no la podemos quitar).

Ciertamente sería feo en Grecia, al menos al principio. En este momento los países centrales del euro creen que el resto de la Eurozona puede manejar la salida de Grecia, cosa que podría ser cierta. Sin embargo, recuerden que el supuesto contrafuegos de apoyo del Banco Central Europeo (BCE) de hecho nunca ha sido puesto a prueba. Si los mercados pierden confianza y llega la hora de que el BCE haga compras de bonos españoles o italianos, ¿realmente lo hará?

Pero la pregunta más grande es lo que sucedería uno o dos años después del Grexit, cuando el verdadero riesgo para el euro no sería que Grecia quiebre, sino que tuviera éxito. Supongamos que un nuevo dracma enormemente devaluado lleva al Mar Jónico una ola de británicos bebedores de cerveza y que Grecia empieza a recuperarse. Esto fomentaría enormemente a los opositores de la austeridad y de la devaluación interna en otros lados.

Apenas hace poco los europeos muy serios alababan a España como una gran historia de éxito, como reivindicación de todo el programa de austeridad. Pero, evidentemente, los españoles no coinciden. Y si las fuerzas anti establishment tienen una Grecia en recuperación a la que apuntar, la desacreditación del establishment se acelerará.

Twitter: @NYTimeskrugman

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