Opinión

Los senadores olvidaron la educación


 
 
Veo a través del Canal del Congreso el debate en el Senado de la República sobre la Ley General del Servicio Profesional Docente. Esa misma ley que provocó la movilizaciones de miles de miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación a la capital del país para echar abajo la reforma educativa.
 
 
Veo y escucho a los senadores sustentar sus posiciones al respecto. Tanto quienes defienden la reforma propuesta por el gobierno –los menos–, como quienes se oponen a la ley y, en general, a la reforma educativa. Esgrimen argumentos políticos, hablan de los derechos laborales, de cotos de poder, de la corrupción en el manejo de plazas, de las viejas prácticas del corporativismo magisterial, de reivindicaciones políticas y sociales.
 
 
Uno tras otro, las senadoras y senadores ocupan la tribuna y hablan del apostolado que significa la docencia, de las míseras condiciones en que operan muchas escuelas en el país y, por supuesto, no faltaron aquellos que se abrogaron una mayor autoridad moral para hablar del tema porque son hijos o nietos de maestros.
 
 
Casi me atraganto con un sorbo de café cuando escucho a la senadora Dolores Padierna, del PRD, criticando los cacicazgos.
 
 
Pasan los minutos, las horas, y no escucho a alguno de ellos ir a fondo. Ni un solo senador o senadora que habló de cómo terminar con el rezago educativo, porque, finalmente, de eso se trata, ¿o no?
 
 
Ninguno de ellos, ninguno, hizo una sola propuesta. No se mencionó cómo elevar, por ejemplo, el promedio de escolaridad de los mexicanos. Actualmente, cada mexicano estudia 8.6 años, lo que equivale a segundo de secundaria.
 
 
Nadie dijo cómo ayudar a los más de 33 millones de mexicanos mayores de 15 años que no terminaron los estudios secundarios. Eso los condena a vivir con implacables limitaciones a su desarrollo personal, familiar y social.
 
 
Algunos senadores se enfrascaron en sus críticas a las oligarquías y los monopolios, al corporativismo partidista, a los tecnócratas antipatriotas y a los regímenes antidemocráticos. Pero ninguno, repito, ninguno dijo cómo evitar que cinco de cada diez niñas se queden en el camino antes de ingresar a la educación media superior.
 
 
Parece que a ninguno de los senadores le importó que mil 800 jóvenes mexicanos desertan del bachillerato todos los días. Eso es más de 650 mil jóvenes cada año que están condenados a empleos mal pagados por el resto de su vida, si no deciden dedicarse al crimen.
 
 
Todos los senadores ignoraron que solamente 10 por ciento de cada generación de niños mexicanos logra terminar una carrera universitaria.
 
 
Y ellos son los que toman las decisiones.
 
 
Hasta el viernes..
 
Twitter: @cachoperiodista