Opinión

Los riesgos para 2016

 
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Petróleo

Es momento de sacar la bola de cristal. Tantas preguntas y tan pocas respuestas. ¿Hasta dónde caerá el precio del petróleo? ¿Cuánto subirán las tasas el año que viene? ¿Se apreciará más el dólar? ¿Habrá crisis en China? ¿Qué pasará con Dilma y Brasil? ¿Ya se terminó la volatilidad o apenas empieza? ¿Y Europa, empezará a crecer? Todos podemos especular y hablar de probabilidades, pero las respuestas concretas nadie las tiene.

Hoy en día el mercado está inundado de petróleo. La OPEP recientemente se mantuvo firme en su política de producir sin restricciones. La oferta aumenta, mientras la demanda global por el energético se frena. Es decir, los precios podrían mantenerse bajos por los próximos años e incluso seguir bajando en el corto plazo. Siendo México un importador neto de petróleo, como ya lo es, esto podría ser una buena noticia: una disminución en el precio del insumo más necesario para producir prácticamente todo, implicaría un choque positivo de oferta: más bienes, más baratos. Sin embargo, nuestros ingresos fiscales van de la mano. La dependencia fiscal del petróleo ha ido disminuyendo, pero no de una forma planeada y ordenada. Ha disminuido porque no nos ha quedado de otra. Deberíamos de aprovechar la coyuntura y reformar de fondo nuestro sistema fiscal.

Este año veremos políticas monetarias divergentes en el mundo. Por un lado, Estados Unidos que seguramente iniciará un ciclo de tasas más altas hoy mismo y, por otro, Europa, Japón y China que continuarán imprimiendo dinero para intentar impulsar su economía. Los mercados emergentes tendrán que lidiar con la volatilidad resultante. En los últimos cinco años el crecimiento de las economías emergentes se ha alentado. Para este año, el FMI espera un crecimiento promedio de 4.0 por ciento, liderado por el crecimiento de India. Una de las formas en las que puede interpretarse el incremento de tasas de interés en Estados Unidos es que la Fed está vislumbrando la recuperación sólida de su economía. Eso, aunado al alentamiento de las economías emergentes, puede provocar salidas de capital de éstas hacia la economía norteamericana, continuando con el encarecimiento del dólar.

Esto es parte del entorno global que enfrentará México. Pero los riesgos no son sólo externos. Mientras que la coyuntura externa está dada, la situación interna es sobre la que tenemos margen de maniobra. Creo que el mayor riesgo interno que enfrenta el país es no tomarnos lo suficientemente en serio. Los temas están ahí, no son novedad. Llevan aquejando al país durante décadas y están siempre presentes en las conversaciones privadas y en el discurso público.

Pero las medidas que tomamos son tibias y en algunos casos, meramente demagógicas. Si queremos mejorar el nivel de vida de la población, la discusión no debería de estar centrada en aumentar cinco, diez o 100 pesos el salario mínimo.

Deberíamos de buscar la forma de incrementar la productividad. Cuando hablamos de empleos de calidad, deberíamos de estar hablando de formalidad. La informalidad es ese gran lastre que detiene a la economía mexicana. La informalidad inhibe el acceso al crédito, a oportunidades de capacitación, a seguridad social, impide aprovechar economías de escala. La informalidad contribuye a perpetuar los círculos de pobreza y desigualdad que aquejan al país. No se me ocurren soluciones sencillas para este tema. Requerirá reformas profundas a los sistemas fiscales, de pensiones, de seguridad social. Sin duda no será fácil, pero hasta ahora sólo han habido esfuerzos pequeños y superficiales.

Si bien han habido algunos avances en materia anticorrupción, la percepción es que está tan arraigada en todos los sectores y niveles que todos los esfuerzos por combatirla serán insuficientes. La corrupción nos cuesta. Nos cuesta en productividad, en crecimiento, en recursos mal empleados. La corrupción detiene el avance del mejor, y favorece al que soborna más.

Como todos los años, 2016 empezará lleno de incertidumbre. El país enfrenta grandes retos, externos e internos. Combatir la informalidad y la corrupción es uno de los principales. Sin embargo, no hacerlo es el mayor riesgo.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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