Opinión

Los riesgos de la elección

 
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1. Que pase lo que pase, el resultado de la elección presidencial carezca de credibilidad. Que haga lo que haga el INE, no se logre dotar de certeza al proceso. Que prevalezca la táctica de golpear al árbitro por si me conviene al final del juego. Que como ya ha ocurrido en el pasado, sea el INE el culpable de las conductas irresponsables de los contendientes y que ello contribuya a restar legitimidad a todo el proceso.

2. Que López Obrador acuse fraude en caso de perder y ello detone conductas semejantes de otros candidatos (gubernaturas, alcaldías). Si AMLO gana, habrá una sensación de júbilo de segmentos de la población y de distensión social. El triunfo del candidato de Morena es quizá la única forma de evitar que haya una descalificación del proceso por segmentos que se sienten excluidos del proceso democrático.

3. Que sean las campañas más costosas de la historia de México, no sólo en términos globales (lo cual ocurrirá porque habrá tres mil 400 cargos en disputa), sino también en términos de voto emitido. Si ello es así, entonces los gobiernos (sobre todo el federal y los nueve estatales que renuevan gubernatura) serán los más 'endeudados' por el gasto incurrido para ganar y serán a la vez los más proclives a la corrupción por las deudas que deberán pagar con obra pública, contratos y permisos. Justo cuando hay una enorme expectativa para que camine el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción, darán inicio gobiernos, congresos y alcaldías con pesadas cargas financieras que cubrir mediante actos de corrupción.

4. Que la casilla única, fruto de la reforma electoral de 2014, conduzca a la dilación para conocer los resultados preliminares de la jornada electoral. En 30 entidades del país habrá elecciones locales concurrentes con la federal. En todas ellas habrá una mesa única de votación (antes había dos: en una se votaba por presidente, senador y diputado federal; en otra, por gobernador, diputado local o presidente municipal). Ahora todo será en una misma ventanilla. Ello significa que los funcionarios de casilla deberán permanecer más horas para contar más votos de cinco o seis elecciones diferentes. Algunos (muchos) podrán retirarse antes de que termine el escrutinio, ya sea por cansancio o porque trabajan a la mañana siguiente. Si un porcentaje de funcionarios abandona su casilla, puede haber duda de la vigilancia del escrutinio y llenado de actas, o falta de manos para llevar los paquetes electorales a las oficinas del INE.

5. Que lo nacional opaque a lo local. Como resultado de la homologación de calendarios electorales, habrá muchas elecciones concurrentes (hace seis años hubo siete de gobernador, hoy habrá nueve). El atractivo de las campañas presidenciales puede opacar los debates locales y someterlos a la lógica de lo nacional. Ciertamente en México hay voto diferenciado, pero podría ocurrir que haya un efecto arrastre que desplace los temas locales. Muchos gobiernos que apenas van en su primer o segundo año de gobierno podrían enfrentar congresos opositores de Morena e incluso revanchistas a partir de 2018, y ello complicar enormemente la segunda mitad de su mandato.

6. Que haya secuestro del proceso electoral en algunas regiones del país por parte de grupos disidentes o antisistema. Ya ocurrió esto en menor escala en 2015, cuando integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) amenazaron con bloquear la celebración de comicios. El día de la jornada electoral tomaron y dañaron algunas instalaciones del INE en Oaxaca, Chiapas y Guerrero. No debe descartarse que se repita a una escala mayor y que el INE sea víctima de estrategias que nada tienen que ver con lo electoral.

El INE tiene la fortaleza operativa para organizar este complejo proceso electoral, pero su éxito requiere de arropamiento del Estado mexicano y de los principales actores. Nada funciona en el vacío y las condiciones políticas y sociales del país son un obstáculo para un final exitoso. Ojalá sea diferente.

Twitter: @LCUgalde

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