Opinión

Los Reyes llegaron ya


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Ignacio Garibay

Al matador Ignacio Garibay los Reyes Magos no le trajeron un regalo similar a los que nos tienen acostumbrados cada Día de Reyes, a Ignacio le brindaron la oportunidad de demostrar una vez más que el toreo es el oficio más complicado del mundo. Un día se está en los cuernos de la luna y otro día se encuentra un torero en el olvido total.

Cuenta Ignacio ya con 16 años como matador de toros; desde sus inicios mostró gran personalidad y magníficas condiciones para ser alguien en la fiesta de los toros.

Como novillero tuvo la oportunidad de torear en España, de vivir la fiesta brava en su máxima expresión de profesionalismo; ya como matador de toros ha hecho el paseíllo en Madrid, en 2011 lidió y mató uno de los toros más grandes que se han lidiado en Las Ventas, toro que por cierto le atravesó el muslo de certera cornada cuando Garibay dispuesto a todo, con el valor y la torería del que sabe lo que hace, pisó terrenos prohibidos ante el imponente mansurrón de la ganadería de Partido de Resina, antes Pablo Romero.

La cornada fue un precio a pagar en la catedral del toreo, y de paso dejó claro que cuando se es torero es mejor pagar con sangre que sufrir el desprecio de la mansedumbre.

Ver a Ignacio en impecable forma física y mental durante el primer festejo de 2016 en la Plaza México me llevó a reflexionar la grandeza del toreo y los toreros, estos hombres que visten de seda y oro en pleno siglo XXI, que son víctimas de improperios por parte de los antitaurinos que muestran su total ignorancia, intolerancia y carencia cultural cada vez que tienen la oportunidad de hacer brillar su estupidez.

Los toreros son capaces de entregar cuerpo y alma a una vocación que los lleva a perseguir un sueño constante: la perfección ante un toro, la expresión de sus sentimientos en conjunto con la brava embestida de un toro a los vuelos de su muleta, donde en cada pase se escriben líneas y líneas de sacrificio, a veces en verso y a veces en prosa. Los días en el olvido por parte de las empresas, ver anunciadas las ferias más importantes del país y no encontrar su nombre. Sentir la fuerza de espíritu, mente y cuerpo para seguir en la profesión, y no sólo eso, sino ser capaces de triunfar. Saber que la economía familiar depende de la voluntad de dos toros, cada uno con su historia y su linaje. Que no llueva, que el viento deje torear, que la gente sienta lo que se intenta transmitir, que no falle con la espada, que el juez sepa valorar y premiar la faena; en fin, tantos y tantos factores que deben alinearse para que la magia del toreo encuentre la luz e ilumine nuestras almas.

El pasado domingo 3 de enero todo se alineó, pero no por obra de magia, fue Ignacio con su entrega años atrás, con el enorme sacrificio de seguir viviendo en torero sin corridas en puerta, educando con el ejemplo a sus hijos, siendo un hombre cabal con su mujer, al demostrar una de las mayores virtudes con que puede contar el ser humano: la constancia. Tiempos complejos y una fe inquebrantable hicieron que todo se alineara; llegado el momento, el torero pide al hombre le ceda el paso. Fue un gusto ver disfrutar a Garibay, relajó el cuerpo, encajó las zapatillas en la arena y soltó sus muñecas privilegiadas para enamorar al bravo y noble toro de la ganadería de Arroyo Zarco, de nombre “Ilusión”, bautizado por la llegada a este mundo del más joven de la dinastía Pérez Salazar, que seguro estoy, lleva sangre brava en las venas y tendrá el privilegio de vivir el campo y la bravura.

Se alinearon los astros, Garibay nos demostró que en el toreo, mientras exista la ilusión, existe la posibilidad de ser. Los toreros no son tan buenos como su última faena, hay que ser buen aficionado y buen profesional para saber quién es quién. Ignacio Garibay volvió a demostrarlo, en él hay un torero, disfrutemos su madurez, su templanza y su personal manera de expresar y sentir el toreo. Señores empresarios, ahí otro as en la extensa baraja taurina mexicana. Se alinearon los astros. Garibay demostró que en el toreo, mientras exista la ilusión, existe la posibilidad de ser.

Twitter: @rafaelcue

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