Opinión

Los retos del flamante canciller

     
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Luis Videgaray, secretario de Relaciones Exteriores. (Cuartoscuro)

Luis Videgaray, el hombre fuerte del presidente Enrique Peña, ocupará la secretaría que tiene el mayor reto en lo que resta del sexenio, la de Relaciones Exteriores. Goza de conexiones con el círculo íntimo del próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Esto fue, claramente, una buena razón para nombrarlo canciller. Sin embargo, sus conexiones con el yerno de Trump, Jared Kushner, o incluso con Trump mismo, no serán necesariamente suficientes para evitar que se materialicen las amenazas de campaña.

Claudia Ruiz Massieu, quien ha demostrado ser una política versada y entrona, sabía bien que sus días como canciller estaban contados. Al sobrevenir el cambio más importante del escenario internacional para México, un nuevo ejecutivo en Estados Unidos, Peña tenía pleno derecho para realizar ajustes en su equipo. En su momento Videgaray acertó y armó la visita de quien a la postre llegará el próximo 20 de enero a la Oficina Oval.

México se conmocionó con la visita. Era un sacrilegio invitar a quien nos había denostado. Literalmente me quedé solo opinando que, desde el punto de vista estrictamente de seguridad nacional, la visita hacía sentido pues abría un canal de comunicación con quien pudiera llegar a despachar a la Casa Blanca. Incluso, mi amigo y rector del ITAM, Arturo Fernández, lo explicó con elegancia: invitarlo fue como comprar una póliza de seguro ante un riesgo catastrófico.

Ante un continuum de opciones de cómo relacionarse con Trump, Peña decidió optar por un extremo, apaciguarlo. En el otro extremo estaría la confrontación. Claramente en términos de política interna, la confrontación con Trump es redituable. Por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador, según las encuestas de Alejandro Moreno en este diario, ha ganado terreno justamente por sus posiciones duras frente el próximo presidente del vecino del norte. La apuesta de Peña, en cambio, está en tranquilizar las aguas de la relación bilateral y, específicamente, en evitar que Trump cumpla sus amenazas.

En los próximos meses veremos si la apuesta de Peña de apaciguar a Trump con un canciller a modo rinde sus frutos. Cuando Videgaray salió del gabinete en septiembre pasado, Trump, aún candidato, no tuvo empacho en twitear: “Con Luis, México y Estados Unidos habrían hecho acuerdos maravillosos en que ambos se hubiesen beneficiado”.

La faena que enfrenta Videgaray se ve cuesta arriba. Ya sabemos de dos inversiones –Carrier y Ford– que se frenaron. De muchas otras ni siquiera nos enteraremos. La amenaza principal de Trump consiste en su nacionalismo económico, pues pone en entredicho la asociación económica de América del Norte postTLCAN.

La prueba de fuego del canciller es salvar el TLCAN. En específico lograr que Trump, ya en funciones, no invoque el artículo 2205 y lo denuncie. Su apuesta debe ser la renegociación, la cual se aprecia durísima pues ya hay negociador estadounidense, Robert Lighthizer, abogado experto en comercio y con gran pedigrí proteccionista. Trump lo nombró esta semana su representante comercial. Desde luego que importan las amenazas en cuanto al muro fronterizo y las deportaciones. Los dos últimos presidentes –George W. Bush y Barack Obama– deportaron a cerca de tres millones de connacionales. Trump puede aún empeorar las cosas, llamando a una cacería de brujas contra los inmigrantes indocumentados, atacando a las remesas y con la construcción del muro.

Videgaray tiene a su disposición una red consular bien entrenada en el tema de protección. Requerirá más recursos para interponer innumerables batallas legales para dificultar la deportación y la construcción del muro. En un ejercicio con líderes migrantes convocado por Nexos, Jorge G. Castañeda hizo la pregunta pertinente: ¿Qué desean, paisanos, programas en México para ayudar a los deportados o asesoría legal para evitar la deportación? Sin dudarlo, los paisanos se pronunciaron por la vía de la batalla legal en Estados Unidos.

Finalmente, a diferencia de sus predecesores, Videgaray tendría que entrarle al tema de la seguridad. Aunque no se ha pronunciado al respecto, es probable que Trump –con su equipo de generales– recrudezca el tema del combate a la oferta de drogas. La epidemia que hay de uso de heroína por parte de hombres blancos de clase baja en algunos estados que votaron por Trump, como Ohio o Kentucky, podría ser un aliciente para que Trump insista en el prohibicionismo y la guerra contra el narcotráfico. Está más que documentado que la guerra contra las drogas es inútil. El canciller tendría entonces que apostar por una visión más integral y ambiciosa en la cooperación de seguridad.

Los críticos del flamante canciller ya lo condenaron. Soy de la idea de que, por difícil que sea contener a Trump, Peña tenía que hacer una apuesta. Entre la confrontación y la negociación, Peña apostó por la segunda. Aunque menos popular y más difícil, al final, ésta abre una posibilidad de un diálogo diplomático que la otra –la de la confrontación– hubiese cancelado por completo.

Twitter: @RafaelFdeC

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