Opinión

Los retos de Hacienda
en 2017

 
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Camarena-Meade

Se especulaba que los cambios en el gabinete del presidente Peña serían para relanzar la administración, consolidar y/o acelerar la instrumentación de las reformas (algunas paradas, otras que retroceden), fortalecer la posición de precandidatos o, de plano, para intentar la recuperación del PRI. Nada de eso. Hasta ahora –es una incógnita si habrá más cambios— los relevos fueron para controlar los daños derivados de la visita de Trump, lamentable. Entró al relevo en la Secretaría de Hacienda, José Antonio Meade (a quien conozco desde hace años y no tengo duda de su capacidad), ya denominado en los medios como 'el milusos' después de su paso por cinco secretarías desde 2010, contando su segunda vuelta en Hacienda. Los cambios se dan en un contexto en que el desprestigio del gabinete es similar a la opinión negativa sobre la el gobierno del presidente y a la falta de credibilidad en él. A la pregunta de si aprueba o desaprueba la labor del gabinete, en junio pasado los resultados fueron 35 por ciento y 60 por ciento, respectivamente (encuesta GEA-ISA de ese mes). Es previsible que en el nuevo levantamiento de septiembre esos números sean peores.

En su paso por las secretarías de Energía, Hacienda, Relaciones Exteriores y Desarrollo Social, Meade navegó en aguas tranquilas. En Sener dio continuidad a la minireforma energética de 2008, nada para despeinarse; en Hacienda estuvo en los últimos meses del sexenio a cargo de seguir con la política económica de años anteriores; en Relaciones ningún reto significativo en la esfera internacional, en la que sólo administró la secretaría; y Sedesol es la cara amable del gobierno y del gasto público. No obstante, en esta ocasión los retos para el nuevo secretario serán significativos. Las opiniones y críticas que generó la presentación del Paquete Económico para 2017 fueron sólo una probada.

El mayor desafío estará en la siempre prometida y nunca cumplida reducción del crecimiento de la deuda pública en 2017. A su vez, ello dependerá del comportamiento de los ingresos. Hacienda estima que el ingreso presupuestario no petrolero aumentará en casi 270 mil millones de pesos, 4.7 por ciento en términos reales, que compensará la contracción del petrolero proyectada en 115 mil millones de pesos (menos 15.8 por ciento anual). Ese incremento de la recaudación (los ingresos tributarios no petroleros crecería casi 10 por ciento real) se tendría que dar en el marco de un crecimiento económico muy modesto (GEA estima 2.2 por ciento) y de agotamiento relativo de la eficacia recaudatoria; tarea compleja para el nuevo presidente del SAT.

Asimismo, y más importante aún, será la ejecución del gasto. En 2017 las pensiones aumentarían 14.4 por ciento en términos reales con respecto al año anterior, el costo financiero de la deuda 19 por ciento y las participaciones a estados y municipios 5.3 por ciento, todos ellos gastos 'irreductibles'. Además, algunos ramos autónomos presentaron solicitudes de incrementos sustanciales: el legislativo 3.4 por ciento (aunque ya enmendaron), el judicial 15 por ciento, derechos humanos 6.3 por ciento, competencia 9.0 por ciento y evaluación educativa 5.0 por ciento; ahí no habrá restricciones presupuestales.

Ello implicará reducciones severas en casi todos los componentes del gasto económico-funcional, lo que ha desatado severas críticas a la propuesta gubernamental, al contraerse las erogaciones en educación, agricultura, seguridad pública, Pemex, comunicaciones, salud, desarrollo social y un largo etcétera. En algunos casos, incluso a niveles reales de gasto inferiores a 2012. Así, la negociación del Presupuesto en la Cámara de Diputados se anticipa como la más compleja que ha enfrentado la Administración y, por tanto, el riesgo de que salgan verdaderos 'camellos' presupuestales es elevadísimo; será tarea de Hacienda aplanar las jorobas.

El ejercicio del gasto en el año afrontará el reto de un gabinete con escaso margen político, pocas ideas y un liderazgo cuestionado. El control de Videgaray no se replicará en automático con Meade. Más nos vale a todos que el proceso sea efectivo. El riesgo de crisis sexenal está presente.

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