Opinión

Los problemas que vienen (y II)

 
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Donald Trump

En el artículo anterior concluí que la economía no es una ciencia exacta sino social y que, cuando cambian los contextos, se adaptan las teorías.

En menos de un siglo hemos pasado de la teoría keynesiana al neoliberalismo de Friedman, para regresar una vez más a una nueva versión de Keynes. El Fondo Monetario Internacional obligaba a los países en desarrollo a eliminar los déficits, y ahora sostiene que déficits “sostenibles” son aceptables. Y no sólo eso, resulta que los bancos centrales han incrementado la oferta monetaria en proporciones jamás imaginadas, y han reducido las tasas nominales de interés a cero.

Las teorías dominantes precisan revisión. Déjenme ponerles un ejemplo.

Digamos que dos países, A y B, firman un tratado de libre comercio y gracias a eso bajan sus aranceles de 15 a 0 por ciento. Poco tiempo después de hacerse efectivo el acuerdo, uno de ellos, el país A, manipula su moneda devaluándola. En nada, tendremos que ese país ha reimpuesto un arancel indirecto al país B, ya que al abaratar su producción el A, podrá exportar más, a la vez que encarecen los productos del país B.

Hay un problema entre economistas, universidades y centros de estudio que insisten en tratar a la economía como una ciencia de ecuaciones y de números en tablas de Excel. Cuando los estudiosos pretenden probar la validez de sus teorías (como, por ejemplo, las bondades del libre comercio), mantienen todas las variables constantes, excepto aquella que se pretende estudiar. Después, a través de modelos econométricos, concluyen si la variable estudiada tiene efectos positivos o negativos.

Esa condición se llama ceteris paribus. Es así como se determina que, cuando los países A y B deciden firmar su tratado de libre comercio con aranceles cero, ambos ganan pues podrían colocar, respectivamente, sus productos más competitivos en el mercado del otro.

El problema con el ceteris paribus para el caso del libre comercio es que tiene una serie de supuestos como pleno empleo, tasas de cambio fijas y que no hay costos para abrir o cerrar industrias. Esto obviamente no es el mundo en el que vivimos. El déficit comercial generado por los tratados de libre comercio a través de manipulación de variables ha enojado a los trabajadores norteamericanos que ven cómo los empleos se crean en otras partes del mundo. Además, la globalización ha generado que los flujos financieros entre países superen por mucho los flujos de mercancías. Estos son atraídos en gran parte por la manipulación de las tasas de interés.

Por eso Trump y Sanders tienen tanto éxito repudiando los acuerdos comerciales que la base electoral de trabajadores considera como responsable de su mal momento. Las propuestas de ambos son, de hecho, una actualización de la idea que mencioné al principio y en el artículo anterior. Ambos sugieren que, en un tratado de libre comercio como el hipotético de A y B , debieran existir cláusulas gatillo que permitan restituir aranceles por un tiempo determinado, si una de las naciones instrumenta medidas que dañen el equilibrio ceteris paribus.

Uno podrá estar en desacuerdo con sus ideas, pero no en la decisión de accionar sobre la economía. Ambos, Trump y Sanders, reconocen una de las principales motivaciones que hacen de la economía una ciencia social: la decisión política para corregir lo complejo, va más allá de las doctrinas y las teorías económicas.

Opine usted: rogozinski@mitosymentadas.com

Twitter: @JaqueRogozinski

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