Opinión

Los problemas de la inflación

 
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La aceleración de la inflación durante el presente año podría estar generando efectos adversos significativos, especialmente en la población más pobre. La mejor política social para evitar un mayor deterioro en el bienestar es asegurar el control de la inflación.

A partir de enero de 2017, el crecimiento anual del Índice Nacional de Precios al Consumidor ha registrado ascensos continuos, alcanzando 6.3 por ciento en la primera quincena de junio. Esta evolución ha sido notable porque la inflación casi se ha duplicado en un semestre. Además, el dato más reciente ha sido el más alto de los últimos dieciséis años, con la excepción de diciembre de 2008, cuando la inflación fue mayor a la actual en sólo dos décimas.

Ahora bien, la celeridad inflacionaria difícilmente fue anticipada por el público. Por ejemplo, de acuerdo con la encuesta entre especialistas del sector privado recabada por el Banco de México, la mediana de las expectativas de inflación para junio de 2017 era, hace un año, de sólo 3.2 por ciento.

El aumento de los precios por encima de los pronósticos ha conducido a una corrección al alza, casi continua, de las expectativas de inflación para corto y mediano plazos. Por ejemplo, según la misma fuente, la inflación esperada para el cierre de 2017 es actualmente de 6.0 por ciento, más de dos puntos porcentuales por encima de la estimada hace seis meses.

Los factores inmediatos que han impulsado la inflación han sido ampliamente comentados en diferentes foros. Sobresalen, entre ellos, el impacto directo e indirecto del incremento en los precios administrados de las gasolinas, así como de la depreciación cambiaria.

Sin embargo, contrario a lo que se afirma con frecuencia, el aumento de la inflación no ha sido sólo un cambio de unos cuantos precios relativos. En particular, más de 60 por ciento de los componentes del INPC experimenta crecimientos anuales de precios superiores a 4.0 por ciento.

El problema es que, como siempre, no se sabe cuánto tiempo permanecerá elevada la inflación ni cuánto más subirá. En particular, se desconoce qué tan rápido se desvanecerán los choques mencionados y, principalmente, si no surgirán otros.

Al respecto, algunos analistas pronostican que la inflación no caerá por debajo de 4.0 por ciento sino hasta finales de 2018 o después. Si bien puede modificarse en cualquier momento, ese escenario visualiza un fenómeno inflacionario de por lo menos dos años.

Las consecuencias de la inflación no pueden subestimarse, especialmente si no ha sido anticipada. Con la incertidumbre resultante, los individuos y empresas enfrentan dificultades para tomar decisiones adecuadas. No solamente las señales de los precios se enturbian, sino que se complica la planeación.

Tal vez el costo más grave de la inflación inesperada sean las redistribuciones indeseables del ingreso. Ello es así porque la inflación opera como un impuesto escondido y tremendamente injusto.

En general, las sorpresas de inflación benefician a los que deben montos nominales y perjudican a los que los reciben. Entre los afectados más numerosos se encuentran los trabajadores cuyo salario nominal se fija por lo menos por un año.

En México, el mayor deterioro de los salarios reales se ha registrado cuando la inflación ha aumentado considerablemente, como en la crisis de 2008-2009. Su recuperación ha sido muy lenta, después de varios años de concluido el episodio inflacionario. Un efecto semejante ocurre con los trabajadores jubilados, especialmente en los casos en que las pensiones no están plenamente indizadas con la inflación.

Con mucho, los más afectados son los pobres, que representan una elevada proporción de la población. Al laborar muchos de ellos en la economía informal, sus ingresos reales se encuentran menos protegidos que los de los formales. Además, mantienen la mayor parte de su ahorro en forma de efectivo, el cual pierde poder adquisitivo automáticamente y enfrentan de manera inmediata el incremento del precio de los alimentos.

Finalmente, los costos de la inflación pueden restar dinamismo a la actividad económica. En México existen indicios de que la caída de los salarios reales ha propiciado la desaceleración del consumo. Ello pone de relieve, una vez más, que el dilema entre combatir la inflación y preocuparse por el crecimiento económico es una quimera.

En conclusión, considerar que el actual fenómeno inflacionario será temporal no permite minimizar su impacto. Las secuelas adversas para la población más vulnerable, que vive con recursos muy limitados, pueden ser muy serias. Combatir de forma continua la inflación debe seguir siendo una prioridad social.

* Exsubgobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006).

Twitter: @mansanchezgz

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