Opinión

Los prefiero dignos

Con enorme dignidad, respeto a sí mismos y un sentimiento que raya casi en la ofensa –se les puede ocurrir que nosotros haríamos algo así–, los señores magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) han declarado con sólido orgullo que “no aceptarán el haber de retiro” aprobado en la reforma político-electoral del pasado viernes.

Aunque afirmaron que “sí se necesita” ellos no lo aceptarán para que nadie piense que están haciendo algo ilícito, abusivo, indigno de la elevada función que han prestado a la patria.

Con todo el debate, las encendidas voces del PAN y del PRD que se llamaron “sorprendidos” –¿dónde andaban señores diputados?– los magistrados dejan una lección, tardía y forzada, pero ciertamente útil para el servicio civil de carrera, o para el servicio público federal.

Nadie tiene o debiera tener la prestación vitalicia de una pensión pagada por el Estado y la Nación, es decir por todos nosotros, simplemente por el hecho de haber trabajado como funcionario de alto nivel en ninguno de los Poderes de la Unión.

Las notables excepciones las integran los casos de expresidentes de la República y la de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El primer caso es claro y transparente, porque a ningún mexicano nos gustaría ver a un expresidente de nuestro país trabajando para una empresa multinacional. Honroso caso el del expresidente Zedillo, quien reubicó su residencia en Estados Unidos y se integró como académico de tiempo completo a la Universidad de Yale, después de renunciar a su pensión vitalicia. Además ha sido un activo asesor y consultor de la ONU y recientemente, más de 12 años después de haber dejado el poder, fue integrado como consejero de una organización financiera internacional.

El segundo caso, el de los ministros de la Corte –máximo tribunal en el país–, tiene sentido porque imagínese usted el peso e influencia de cualquiera de estos doctos juristas que después de su encargo, se dedicaran a litigar a favor o en contra de alguien, con el abultado conocimiento que poseen del sistema. El ejemplo más elocuente es el de Genaro Góngora Pimentel, exministro y expresidente de la Corte, quien el año pasado enfrentó el penoso caso de la madre de sus hijos encarcelada por presiones e influencias del propio exministro.

Hasta ahí se justifica que a las personas que desempeñan responsabilidades de esa envergadura, se les cubra una pensión vitalicia. Con todo y que hay voces que reclaman a los expresidentes que regresen o cancelen las suyas por dos razones: no las necesitan, existe la creencia generalizada de que sustrajeron abundantes recursos para una o dos generaciones, o porque su trabajo fue tan cuestionable que no ameritarían un pago posterior.

Los señores magistrados del TEPJF no alcanzan la estatura de esas funciones. No recae en su responsabilidad asuntos de la gravedad que a los funcionarios antes mencionados y más aún, como se ha señalado ya de sobra estos días, comprometen su honorabilidad, imparcialidad y credibilidad. Pareciera en efecto, que reciben un pago por haber fallado a favor o en contra de fuerza, partido o candidato alguno.

Así es que señores, los preferimos dignos y orgullosos, pero sin haberes ni retiros eternos. Les hacemos una cordial invitación, a que, cuando el plazo legal referente al obligado retiro de funciones posteriores a su servicio público, trabajen honrada y empeñosamente, como millones de mexicanos.