Opinión

Los precios de la gasolina y la política

   
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No cesa la presión y enojo social contra el gobierno respecto de la liberalización de los precios de las gasolinas, como tampoco los productos de la canasta básica están resistiendo la presión inflacionaria que los obliga a aumentar sus costos; ahí está, por ejemplo, el incremento de pesos y centavos en la tortilla.

Propuestas van y vienen en torno a la decisión gubernamental: unos proponen economías en el gasto público; otros hablan de reducciones en gratificaciones y sueldos, y en general todos hablan de austeridad para los difíciles momentos por los que pasa la economía mexicana.

Aunque, en gran medida, el malestar ciudadano que la acción provocó se ha canalizado para que algunos partidos políticos lleven agua a su molino y, con ese motivo, sea la ligereza y las soluciones fáciles las que imperen a manera de promesa de una solución alterna. Lo cierto es que en el tema de la liberación de los precios de la gasolina, hay muy poco margen de acción para cualquier gobierno, y ese escenario de dificultad es en el que le ha tocado actuar al gobierno de Enrique Peña Nieto, porque está claro que el precio del petróleo, y por ende sus derivados, se establecen conforme a parámetros internacionales.

Ahora bien, los incrementos del primer día de enero y los ajustes al gasto público parecen ser apenas el corolario de las adversidades que tendrán que enfrentar las economías del mundo, y si México no hubiese tomado la “difícil”, pero “necesaria” decisión de liberalizar los precios de las gasolinas, la incertidumbre en el manejo de sus finanzas sería mayor ante un dólar que se sigue cotizando al alza con respecto de la moneda mexicana, y los precios internacionales del petróleo continúan cayendo, de ahí que, en ese escenario, es de esperarse que el costo de los combustibles mexicanos se vayan todavía más hacia arriba, por lo menos en los próximos seis meses.

El primer aviso del comportamiento que tendrán los precios de la gasolina en nuestro país se podría dar hoy con la asunción de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América, pues, dependiendo de su mensaje, podría dispararse el valor del dólar, además de que una relación de confrontación con los países petroleros daría lugar, en el caso mexicano, al retiro de inversiones de empresas de origen yanqui, lo que en consecuencia aumentaría el índice de desempleo, y a eso se agregaría el flujo de repatriados ante la amenaza de expulsión de todo aquel mexicano que no tenga papeles para radicar o trabajar allá.

Son precisamente esos ejercicios de redistribución al gasto público parte de la acciones preparatorias del gobierno mexicano para hacer frente al escenario de incertidumbre, de lo que será la nueva relación bilateral con el vecino país del norte, y así hay que entenderlo.

Vienen meses de extrema dificultad para la economía del país, y no se diga la familiar, pero a pesar de que la moneda estadounidense suba y la gasolina internacional también, las medidas adoptadas en casi todos los órdenes de gobierno, son las que permiten pronosticar la estabilidad de los precios de las gasolinas para los próximos meses. En febrero tendremos el segundo indicador, tal vez los ajustes sean mínimos, si es que los hay, y seguramente serán al alza.

Será hasta julio o agosto cuando posiblemente se dé otra revisión al comportamiento de los factores e impactos que inciden en los precios del petróleo, y desde ahora se habla de más aumentos, pero, también, menor en proporción al establecido a principios de año. El último ajuste sería a fines de año, los costos de las gasolinas tendrían que moverse a la baja y esa perspectiva lo da el hecho de que para entonces, en nuestro país, estarán funcionando y compitiendo nuevas gasolineras, baja que de alguna manera dará la oferta y la demanda.

Un factor que no hay que perder de vista, es que, este año, en el Estado de México, y el próximo año en todo el país, habrá elecciones y al parecer el gobierno no quiere llegar a esas fechas con signos de mayor inconformidad en las calles, por lo que la estabilidad y baja en los combustibles estarían jugando a favor de ese momento político, lo cual podría interpretarse como una coincidencia con los factores internacionales del momento, y lo contrario hablaría de una contradicción respecto al discurso de hoy, pero así es la política.

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