Opinión

Los panistas

20 marzo 2014 7:32
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Para muchos mexicanos, carentes de fe política y de activismo partidista, la propuesta del PAN en el año 2000 representaba una fresca bocanada de oxígeno a la vetusta realidad política de México. Nuevas propuestas, voces, personajes, variación que invitaba al entusiasmo y la esperanza en un país más democrático, más plural, más abierto. Vicente Fox candidato, ranchero seductor y ocurrente dicharachero, conquistó un considerable sector del voto popular que lo llevó a la Presidencia. En muy poco tiempo la esperanza se tornó en desencanto y en decepción ante la evidente incapacidad de un equipo de gobierno por transformar, de fondo, la realidad del país.

Seis años después, la incipiente propuesta de continuidad en la persona y el equipo de Felipe Calderón –aunque distanciado y rebelde al propio Fox- logró apenas (0.46 por ciento de los votos) mantener la Presidencia en su propio partido en aquellas inolvidables elecciones tan divididas y disputadas, además de todo lo que vino después.

No quiero caer en la recurrente calificación de la “Docena Trágica”, pero en el balance de los dos sexenios, nos quedaron a deber, le quedaron a deber a México.

No solamente –hoy sabemos- no resultaron ser los políticos auténticos y honestos que prometían y aseguraban hace doce años, al compararse ventajosamente con el caduco y decadente PRI. También aseguraron cambios y transformaciones profundas de instituciones, de cultura política, de “erradicar la corrupción” enquistada casi genéticamente en el sistema político mexicano. No lo lograron, es más, no estoy seguro de que lo intentaran.

Se registraron notables avances en el manejo de las finanzas públicas, o con mayor precisión, en el establecimiento de controles y candados para el ejercicio de presupuestos y partidas. Mayores reservas internacionales, una mucho más real lucha y debate legislativo y muchos signos más.

Sin embargo, en el deshonroso tema de la corrupción que ellos usaron como bandera principal, las cuentas les salen en contra.

Existen evidencias del involucramiento de los señores Bribiesca, los hijos mayores de la Señora Sahagún -porque el menor es diputado-, en el caso de Oceanografía. Ellos estuvieron vinculados a la empresa y los créditos obtenidos por el Banco Mexicano de Comercio Exterior entre 2004 y 2005. Después, se desvincularon, conscientes de la ambiciosa desmesura del tal Amado Yáñez.

En el mismo caso, hay participación inequívoca de funcionarios de Pemex, que coludidos con la firma y eventualmente con el o los bancos, facilitaron el factoraje apócrifo que dio base a los préstamos. Ahí aparecen cuestionamientos para el Señor Muñoz Leos, no el de Pemex, sino su hermano el de Bancomext, quien al frente del órgano de control interno inició la investigación. Más cuestionamientos al Señor Ramírez Corzo, Director General de Pemex, quien mucho tendría que explicar de la fulgurante y exitosa proyección de Oceanografía. Los señores Carlos Morales y Mario Ávila, ambos funcionarios de PEP, tendrían que explicar y responder por qué se pusieron a las órdenes de la misma empresa.

Es injusto pensar que por la existencia de algunos corruptos que actuaron de forma ilícita contra el patrimonio de la nación y también el privado –Banamex- se podría juzgar a todo un gobierno. Coincido. Lo que resulta inadmisible es la artimaña del Senador Preciado -presionado por el grupo calderonista- para levantarse de la mesa de negociaciones en el Congreso, porque se cuestiona y señala a funcionarios de esa administración. ¿No les preocupaba la honestidad? ¿No afirmaban ustedes ser los defensores del servidor público leal, honesto, incorruptible?

Hoy, como en los peores tiempos del PRI, este distinguido grupo de panistas, pretende encubrir a truhanes y malandrines que mucho tienen que explicar a un juez y a la nación de contratos multimillonarios falsos.

El Senador Preciado fue reinstalado ayer por su presidenta de partido, bajo la clara advertencia de no “politizar el caso Oceanografía” o lo que eso quiera decir.

Ahora que arrancan las muy prolongadas campañas de los señores Cordero y Madero por la presidencia del PAN, bien valdría revisar la esencia de quiénes son y cuál –dicen- es su proyecto de país y de gobierno. En la anterior oportunidad, nos quedaron a deber.