Opinión

Los ocho segundos de Trump

 
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Hace poco más de un año, el 26 de septiembre de 2015, publiqué el artículo 'Corrupción y descontento'. En esa columna expliqué que la corrupción política en Estados Unidos sería uno de los pilares en los que Trump basaría su campaña electoral, para diferenciarse del resto de los políticos tradicionales. En ese mismo espacio indiqué: “Los analistas mexicanos creen que Trump basará su campaña complaciendo a los republicanos descontentos con la inmigración.

Están equivocados, su estrategia es clara, está tratando de unir a todos los norteamericanos descontentos, que como en todos los países, son mayoría. Los temas que Trump incluirá en su campaña serán, entre otros, la inmigración, la corrupción, los bajos sueldos, la desigualdad creciente, más los temas que se acumulen”.

En junio de 2016, en 'Trump el camaleón macho', dije que a él sólo le interesaba ganar el voto suficiente para inclinar la balanza en el Colegio Electoral. No le interesaba ganar la mayoría del electorado norteamericano.

Por último, el 29 de agosto de 2016 escribí en 'Las lechugas de Trump', que él había hablado a las vísceras más delicadas de las personas: “el bolsillo”, de un modo que comprendían fácilmente. Así de simple: con discursos fáciles de ver, manejables y accesibles a las mayorías.

Donald Trump supo llegar a las masas con frases cortas y repetitivas, captando su attention span; término que se usa en inglés para definir el tiempo de concentración de una persona manteniendo su interés en un tema. Por ejemplo:

1. Para mandar el mensaje de seguridad en sus fronteras, utilizó la frase: Construiré un muro.

2. Para limpiar la corrupción del gobierno utilizó: Drain the swamp (drenar el pantano).

Con frases como estas, de no más de ocho segundos, logró inducir a los votantes para que pusieran atención a sus mensajes.

¿A qué voy con los ocho segundos? De acuerdo con varias fuentes como, por ejemplo, el Centro Nacional de Biotecnología de la Información, Microsoft, así como de Statistics Brain, muestran que el periodo de atención de los humanos, derivado de los avances tecnológicos y de la instantaneidad de la información, pasó de 12 segundos en el año 2000, a ocho segundos en 2015. Vivimos en un bombardeo de información constante en el que sólo podemos procesar una parte, mientras nuestro entorno se encuentra cada vez más saturado. El cerebro humano descarta 99 por ciento de los datos que recibe inmediatamente después de obtenerlos.

Por eso Trump tuiteaba todo el tiempo. Esta estrategia que utilizó le servirá ahora para su siguiente etapa: las negociaciones de temas que trató en su campaña, a las que les puso techo. Él siempre empuja ideas hasta el límite, para luego negociar. Es un negociador nato y sabe cómo mandar mensajes antes de empezar cualquier negociación. Por ejemplo, cuando hablaba del muro nunca dijo cuál sería la extensión. Sólo dijo que construirá un precioso muro en la frontera con México. Dejó a la interpretación de los que lo oían el imaginarse la extensión, la altura y el grosor. Como sabemos y lo sabe Trump, ya existen muros en partes de la frontera.

Así que, en algunos casos los podrá ampliar, en otros pondrá vallas o usará otra estrategia y podrá afirmar que él cumplió con su palabra. Lo mismo pasa con la OTAN. Dijo que todos los países tendrán que aportar fondos para bajar el 70 por ciento del costo que ahora cubre Estados Unidos, sin especificar cifras concretas. Trump usa mensajes breves, ocho segundos, para que lo escuchen, y lo suficientemente abiertos, para acomodarse dentro de ellos.

Opine usted: rogozinski@mitosymentadas.com

Twitter: @JaqueRogozinski

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