Opinión

Los números de Slim

La ciudad de México acaba de incorporar a sus atracciones al mayor acuario de América Latina, único, como el de Londres, que se encuentra bajo la superficie. Por la capacidad de agua en sus tanques –un millón y medio de litros– y el número de especies –10 mil para finales del año–, está entre los 10 más grandes del mundo. El acuario se llama Inbursa, lo que no deja duda sobre quién es su dueño. Carlos Slim, por supuesto, el segundo hombre más rico del mundo. Pero, ¿hay alguien que se sorprenda de que Slim esté, también, detrás de este negocio?

El Grupo Carso, su conglomerado, es el arquetipo del monopolio capitalista. En julio de 2007 la revista Time, propiedad de Time Warner, publicó un ítem informativo que tituló “Carlos Slim, la vergüenza de los ricos”, donde Eduardo García, un reputado periodista mexicano de negocios que fundó el portal especializado Sentido Común, expresó: “Los mexicanos están por un lado muy orgullosos que tengamos un empresario talentoso con una mente tan sagaz. Pero nadie se siente orgulloso de esa increíble disparidad de riqueza que representa”.

En ese entonces, la revista Forbes decía que Slim tenía una fortuna de 53 mil millones de dólares, arriba del gurú de los inversionistas, Warren Buffet, y atrás de Bill Gates, que fundó Microsoft, que valía 56 mil millones de dólares. Desde entonces, Sentido Común lo ubicaba como el mayor multimillonario con 63 mil millones de dólares, gracias a la galopante marcha de las acciones de sus empresas, encabezadas por sus buques insignias, Telmex y América Móvil. Hoy, según Forbes, Gates recuperó el liderazgo entre los magnates, con una fortuna de 77 mil millones de dólares, y Slim, pese a las reformas que ha acotado su monopolio telefónico, atrás con 72 mil millones de dólares.

Los números sin contexto no dicen mucho, pero cuando se hacen analogías, el tamaño de Slim es mucho más grande de lo que uno puede soñar. Por ejemplo, su fortuna equivale al 40 por ciento de las reservas internacionales del Banco de México, y es mayor al Producto Interno Bruto de alrededor de 115 naciones, entre las que se encuentra el 30 por ciento de los países latinoamericanos. O visto de otra manera, sólo 65 países tienen una riqueza nacional mayor que el conglomerado de Slim.

La fortuna de Slim comenzó en los 20, cuando su abuelo compró terrenos a costo deprimido tras la Revolución en el centro histórico de la ciudad de México, donde empezó su negocio de bienes raíces. Aunque se diversificó desde joven, no fue sino hasta diciembre de 1991 cuando esa fortuna se disparó, al encabezar un grupo de inversionistas que compró la paraestatal Telmex en mil 700 millones de dólares que, en poco más de dos décadas vale 40 mil millones de dólares. De ahí nació América Móvil, primero como empresa de teléfonos celulares en América Latina, hoy la concentradora de Telmex y Telcel, que incrementó su valor en 300 por ciento, al controlar 80 por ciento de las líneas telefónicas fijas y cerca de 70 por ciento de los celulares.

Las telecomunicaciones son lo que lo catapultó como uno de los hombres más ricos del mundo. En 2013, de acuerdo con informes del propio conglomerado, sus ingresos –incluidos aquellos en la minería, plataformas petroleras y construcción–, ascendieron a 913 mil millones de pesos, de los cuales 86 por ciento provino de las telecomunicaciones; esto sería el equivalente a que ese puro sector produjo 86 de cada 100 pesos que ganaron. En el mismo año, sus ingresos fueron superiores al presupuesto de todo el sector salud y energético, incluido Pemex. Durante años Slim ha enfrentado las críticas internas y externas de que dirige un monopolio, que lo llevó incluso a compararse con Bill Gates, cuya empresa Microsoft controla 95 por ciento del mercado en Estados Unidos, frente al control de 92 por ciento de Telmex de la telefonía en México. Sin embargo, la analogía tiene sus asegunes.

En un reporte en la revista Foreign Policy en octubre de 2007, Brian Winter escribió que la fortuna de Slim representa 6.6 por ciento del PIB de México, contra 0.4 por ciento del PIB de Estados Unidos que representa la de Gates. Ni siquiera es comparable con el 2.0 por ciento del PIB que representaba la fortuna del super magnate petrolero del siglo pasado, John D. Rockefeller en 1937. Más aún, precisó Winter, para que Gates controlara un segmento de mercado en Estados Unidos similar al de Slim en México, no le alcanzaría ser dueño de AT&T, MCI, Quest, Sprint y Verizon, que son las grandes empresas telefónicas de ese país. Y para empatar la presencia de Slim en la economía mexicana, Gates tendría que ser propietario de Citibank, Alcoa, Phillip Morris, JetBlue, Marriott, Sears, Best Buy, TGFriday’s y Dunkin’ Donuts. O valer en Estados Unidos, en la escala de Slim en México, 909 mil millones de dólares.

En ese informe sobre “Cómo Slim se hizo gigante”, se recuerda que el empresario tiene una obsesión: los números. “Me gustan los números”, dice. “Las palabras le hablan a alguna gente; a otros, sus números”. Cierto. A los mexicanos, los números de Slim le dicen muchas cosas.