Opinión

Los números de
San Isidro


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Toros

Ha terminado el Mundial del Toreo. Los 31 festejos seguidos en la Plaza de Las Ventas en Madrid han sido el centro de atención del fascinante mundo del toro. Lejos de analizar artística o taurinamente el resultado de esta Feria, considero interesante pensar sobre la estadística. En el arte, dos más dos no necesariamente son cuatro; en el toreo, existiendo parámetros de seriedad y verdad cuando un hombre lidia un toro, la percepción de las emociones es distinta en cada espectador.

Participaron 43 matadores de toros a pie, ocho novilleros y 10 rejoneadores con alternativa. De cinco nacionalidades: españoles (52), mexicanos (4), peruanos (2), portugueses (2) y un colombiano.

Se lidiaron 174 animales de 39 distintas ganaderías, éstas sí todas hispanas. Fueron 132 toros con por lo menos cuatro años cumplidos, y 18 novillos. Todos estos toros y novillos lidiados representaron 348 orejas posibles como premios a los toreros. El 2015 ha sido una buena feria y, para que usted valore lo complicado que es cortar un apéndice en Madrid, se cortaron 15, lo que representa el 5.68 por ciento de las orejas posibles, lo cual refuerza el pensamiento de que en el toreo los números son sólo eso y lo que realmente trasciende es el sentimiento que despierta la labor del torero ante los ojos del público. Lo que sí hubo fueron grandes faenas que no resultaron con triunfo por las fallas con la espada; por ejemplo, la del Payo a su primero, la de Talavante en su última tarde y la de Rafaelillo ante un Miura en el cierre de feria.

Madrid como afición y como feria ha madurado. Si bien tiene al lamentable Tendido 7, donde la mayoría de sus pobladores son una especie de comunidad protagonista, intransigente y, lo peor del caso, muy poco conocedora y sensible ante la tauromaquia, que se saben dos frases y de ahí no salen, el resto de los tendidos ha mostrado que hoy en día al toro hay que disfrutarlo. Es una fiesta, una celebración milenaria que da entidad a varios países, y si algo hace fuerte a un país es el mantener las tradiciones, el orgullo por formar parte de ellas, o en caso extremo, el respeto a quienes están a favor. Madrid le perdió el miedo al 7 y con eso abrió los ojos a su tauromaquia, donde lo que pasa en el ruedo venteño trasciende en el mundo. Vivir la fiesta con sensibilidad no le quita seriedad al espectáculo ni a la plaza, al contrario, le da grandeza y valor.

Hubo cuatro salidas a hombros por la Puerta Grande, dos para matadores de a pie y dos para rejoneadores. Sebastián Castella tuvo una gran feria, lidió seis toros de los cuales dos están considerados dentro de los mejores del ciclo y con ambos estuvo a la altura, cortándole dos orejas al gran Jabatillo, de Alcurrucén. López Simón en menos de dos meses consiguió cortar cuatro orejas en Madrid, dos en pre-feria y dos en San Isidro; su carrera deberá tomar el vuelo que estos dos triunfos avalen.

Diego Ventura y Leonardo Hernández han demostrado estar al nivel del maestro Pablo Hermoso de Mendoza, pero con personalidad propia dieron respaldo empresarial a la corrida de rejones, festejo prácticamente inédito en nuestro país, que estoy seguro tiene gran potencial.

Algunos toreros pagaron con sangre la grandeza del toreo. Dramática la cornada de Jiménez Fortes en el cuello, que gracias a Dios no le quitó la vida. Hubo volteretas terribles y percances que, aunque abrieron las carnes, no pusieron en peligro la vida de ninguno de estos últimos héroes de nuestros tiempos, los toreros.

Twitter: @rafaelcue

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