Opinión

Los niños pirrurris
de los 'food trucks'...

…se escandalizaron porque dije aquí que pertenecen a un grupito de gente bien educada, típicamente mimada, que estudió en las universidades del poniente de la ciudad de México y que se siente muy cool haciéndole al comercio callejero a pesar de que hemos visto otras propuestas desde hace décadas con los tamales calientitos, los camotes, los esquites y la famosa camioneta de los “Productos Oaxaqueños”.

Pero son tan exquisitos los dueños de los food trucks, y tienen la piel tan delgada, que no resisten la mínima crítica. La neta no me los imagino pedaleando el triciclo de los tamales como lo han hecho cientos de mexicanos del segmento popular por años.

Los niños pirrurris de los food trucks y sus cuates hípsters son muy activos en Twitter. A veces parece que a toda hora se ocupan de la red social. A alguien más le deben encargar ir a la Central de Abastos a comprar la materia prima.

Yo no soy el único que piensa de esta forma. El twittero Luis Manuel López (@luismanuelopezc) escribió: “Excelente columna sobre food trucks. Conozco a niños ricos hípsters de gastronomía del Claustro que se sienten de NYC”. A su vez, Jaimito (@jaimitosolito) dijo: “Espera que inventen los drones para entregar comidas. Habrá manifestaciones de los dueños de food trucks”. El twittero @Murgen_ apunta: “Los food trucks son puestos callejeros de comida gourmet. Pero puestos callejeros nevertheles”. Finalmente, @gabo1973 concluye: “@SOYCarlosMota No se equivoca en su artículo de #FoodTrucks #Gastronomía”.

Yo creo que hasta el término food truck es chocante, y me llama la atención la temporalidad del fenómeno. Hace años que existen cursos y grados académicos de gastronomía en el Claustro, en la Escuela Superior de Gastronomía y Turismo, y en las universidades de postín. No obstante, es apenas en un lapso de dos o tres años que a varios de sus egresados se les ocurrió, curiosamente al mismo tiempo, poner un food truck. ¡Cuánta originalidad!

No dudo que algo de lo que cocinen en estos camioncitos sepa rico. Pero la pretensión de transformar la Condesa en Tribeca no me apetece mucho. Cuando la gente pretenciosa quiere remodelar un apartamento de la primera mitad del Siglo XX para hacerlo ver como un loft de Manhattan hay un cable roto. En todo caso está bien si eso se queda en lo privado. El problema es que ahora quieren llevar sus enfermas ideas a la calle. No les haría mal un psicólogo y dejar de ver pelis de Woody Allen.

¿Qué ocurrirá con los food trucks? Serán llamarada de petate. Entretanto, el reino de nadie prevalecerá, porque mientras pidan su regulación desde sus camiones de un millón de pesos, difícilmente alguien en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal los tomará en serio. Creo.

Twitter: @SOYCarlosMota