Opinión

Los motivos entre Slim
y Zuckerberg

 
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ME. ¿Cuáles son las necesidades de Slim? Watson de IBM se lo dice.

Pareciera un juego de Monopolio en el que la diversión fue acumular propiedades y dinero, pero habiendo terminado, cierran el tablero y todo va de nuevo a la caja. Esa es la sensación que me da al enterarme de las declaraciones de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, quien donará 99 por ciento de sus acciones y que se suma a decisiones similares de personalidades como Bill y Melinda Gates, Warren Buffett o George Soros.

En tanto, Carlos Slim se desmarca y declara que no hará tal cosa pues los activos seguirán bajo el control de su familia. De hecho, hace unas semanas Bloomberg reportaba que había perdido cerca de 14 mil 900 millones de dólares que representan 17 por ciento de su fortuna. Por supuesto que esto no incidirá en una moderación en su consumo personal. ¿Qué motiva a los ricos a mantener una cantidad extraordinaria de recursos o darlo en donación?

Está claro que las familias de los hombres más acaudalados del mundo están lejos de quedarse desprotegidas por la donación de las acciones de las empresas; sin embargo, toman una decisión importante en el sentido de que desean separar los destinos de sus compañías de sus predecesores.

Slim no cae en la provocación y mantiene una estrategia de administración de la riqueza con apego estricto de un protocolo familiar, teniendo las tres características básicas: propiedad, gestión del negocio y deseo de que perdure en el tiempo.

La motivación de esa acumulación va más allá de querer disfrutar bienes; va en una dirección que puede ser de trascendencia histórica, poder, competencia o simplemente pasión por lo que se hace.

La aportación de miles de millones de dólares a las fortunas deja de incidir en el bienestar y, en todo caso, la sensación de mayor o menor felicidad es totalmente subjetiva. Esto nos lleva a recordar que hay un nivel óptimo de riqueza y desde una perspectiva de finanzas personales es la que garantiza la solvencia a lo largo del tiempo, y si quiere agregar a sus siguientes generaciones, implica un gran éxito económico pero también una responsabilidad de capacitación para evitar que pase como en el viejo dicho: “Padre comerciante, hijo caballero, nieto pordiosero”.

El punto central es cómo responsabilizar a quienes continuarán con el legado para que asuman el compromiso de mantener y acrecentar el patrimonio, en lugar de dilapidar el recurso otorgado.

Twitter: @finanzasparami

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