Opinión

Los migrantes mexicanos merecen más respeto

La reforma migratoria estadounidense aparece, nuevamente, como la fugaz zanahoria que el gobierno de Obama pone frente a los votantes de ascendencia hispana en busca de su apoyo en la elección legislativa que se celebrará en noviembre.

En su informe presidencial, llamó a demócratas y republicanos a dejar diferencias de lado para pasar una reforma que resuelva la situación de casi 12 millones de indocumentados que viven ahí. Para entender qué tanto sólo hay de juego político detrás de la propuesta, baste recordar que cuando Obama tuvo mayoría demócrata en ambas cámaras al principio de su administración, ni siquiera intentó poner sobre la mesa una reforma migratoria. Claramente, no aparecía entre sus prioridades.

El Sr. Obama le debe la reelección a los hispanos, que reaccionaron fuertemente contra el racista acoso a la comunidad latina emprendido por gobernadores republicanos en estados como Arizona. Obama recibió 73 por ciento del voto hispano. 24 millones de latinos eran elegibles para votar y alrededor de la mitad de ellos lo hizo. Para 2030, esa cifra llegará a 40 millones, superando a las minorías afroamericana y asiática. Casi 7 de cada 10 hispanos son de origen mexicano.

Los republicanos enfrentan un dilema. La posición del “Partido del Té” es que no se puede premiar con ciudadanía a aquellos que violaron la ley al inmigrar. Sin embargo, saben que la demografía está en su contra. A nivel nacional, 60 por ciento de los electores blancos votaron por Romney, y esa diferencia no bastó para ganar la elección. Sólo 21 por ciento de los latinos lo hizo, menos de la mitad de quienes apoyaron a Bush en la última elección, y un tercio menos que quienes favorecieron a McCain. Sin embargo, en términos de valores culturales y religiosos, los hispanos parecerían más “republicanos”.

Existe una clara posibilidad de que en la elección de noviembre el partido republicano recupere la mayoría en el Senado. Hay 36 escaños en juego, de los cuales 21 están en manos demócratas; hay 12 que podrían regresar al lado republicano, mientras que los republicanos parecen tener sólo dos en riesgo; si los republicanos ganan 7, recuperan la mayoría. Los electores de 7 de esos 12 estados demócratas en riesgo favorecieron a Romney en la última contienda.

Los republicanos no quieren el tema migratorio sobre la mesa este año, pues eso los divide. Prefieren que la atención se concentre en el fracaso del plan de salud de Obama. Pero, tienen que articular un plan para acercarse a los hispanos antes de la próxima elección presidencial. En una apuesta que podría ser audaz, si logran la mayoría en ambas cámaras podrían lanzarse con todo el año que entra para proponer una reforma migratoria “republicana”.

Un punto intermedio posible sería regularizar la situación migratoria de los indocumentados, sin ofrecer un camino a la ciudadanía. Para la gran mayoría en este grupo, lo prioritario es poder trabajar, estudiar, y entrar y salir del país, más que lograr ser ciudadanos. En cualquier caso, tendrían que pagar multas y presentar declaraciones de impuestos atrasadas. Gary Becker, premio nobel de economía, propuso que la solución fuese simplemente económica, con una multa alta, pero ofreciendo estructuras de crédito para que ésta se pague a través de los años. Considerando que muchos migrantes pagan a un coyote hasta 5 mil dólares, pensar en que pagaran digamos 20 mil dólares en diez años, con acceso a crédito razonable, permitiría una recaudación de más de 200 mil millones de dólares, que es más de 1 por ciento del PIB.

Mientras tanto, urge que el gobierno de México vea qué va a hacer para dar apoyo real a este grupo de migrantes para que se mantenga ligado a nuestro país. La política exterior más exitosa de México pasa por incorporar al mayor número posible de los 33 millones de mexicanos en EU (12 millones de éstos nacidos en México) para que aboguen localmente por nosotros e incrementen el costo político y económico de los frecuentes ataques a México que provienen tanto de grupos racistas como de gobiernos obtusos.

Este grupo padece en ambos lados de la frontera. Sufre deportaciones masivas que son acompañadas por una falta total de estructuras para recibirlos de regreso en su país. Peor aún, Kino Arteaga, un migrante emprendedor dueño de una exitosa empresa constructora en San Antonio, subraya que la creciente migración legal de mexicanos a esta ciudad, huyendo de la inseguridad, les hace víctimas de las mismas actitudes racistas y abusivas que sufrían en México. Parece que el estadounidense respeta a quien trabaja duro, en México sólo respetamos la pigmentación correcta. A este valiente grupo de migrantes que trabaja de sol a sol y es dueño de un millón de negocios en Estados Unidos no le queda mucho más que la informalidad cuando regresa a México y, quizá, pertenecer a grupos de autodefensa.

Cito al columnista conservador estadounidense George Will quien recientemente dijo: “…migrar es emprender, es buscar la superación individual y familiar tomando un riesgo, ese es el tipo de gente que necesitamos”.

No sólo ellos los necesitan, México también.