Opinión

Los miasmas que surgen de Tláhuac

 
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Desde 1968, hace 49 años, las fuerzas federales no intervenían en la capital.

Ahora los marinos abandonan los océanos para poner orden en el cemento de la gran urbe cuyo jefe de Gobierno niega que se trate de un cártel, aunque admite que es una banda peligrosa y violenta. Más allá de la semántica, los marinos dieron cuenta de una pandilla cuyo jefe mereció una especie de homenaje por parte de cientos de seguidores, quienes frustrados por la desolación, quemaron autobuses y generaron bloqueos de tránsito durante horas. Igual como ocurre en Venezuela, Iraq… o Michoacán.

Tláhuac es una delegación que colinda con el Edomex y pareciera vivir en el siglo XIX. Sus calles, plazas y comercios son modestos, sin los grandes edificios ni centros comerciales y como prueba de su retraso en todos los órdenes, recordemos que el 23 de noviembre de 2004, en San Juan Ixtayopan, se lincharon y quemaron vivas a tres personas a las que 'alguien' acusó de violar niñas. El entonces jefe de Gobierno capitalino, AMLO, declaró se trataba de “añejos usos y costumbres de la población”.

En Tláhuac los lugareños suelen movilizarse en bicitaxis, mototaxis y hasta golfitaxis. Se calcula que rebasan los 27 mil y ninguno de ellos sigue un reglamento, ni figura en algún censo, ni tiene licencia para conducir esos peculiares vehículos. También los hay en Xochimilco, Iztapalapa, Azcapotzalco y Centro Histórico.

Esos carricoches, en buena parte, han sustituido a las llamadas 'tienditas' donde se venden drogas. A eso, las autoridades le llaman narcomenudeo. Es la forma amable de designar la ilegalidad de un comercio que debiendo ser perseguido, es abiertamente tolerado. Pues bien, ahí en esa delegación se extorsiona a los negocios establecidos, desaparecen jóvenes que no pueden ser reportados ante el Ministerio Público pues a sus padres se les impide el trámite y les aumenta la angustia; la violencia es la pincelada de todos los días y los hurtos como los asesinatos se dan por doquier.

Tanto ha sido así, que el jefe Mancera tuvo que llamar a la Secretaría de la Marina pues sus policías locales no son de confiar. De otra manera hubieran controlado todas las irregularidades y los delitos que de ahí se desprenden.

A todo esto, debemos agregar el singular perfil de su jefe delegacional. Era el jefe de seguridad perredista cuando se martirizó y liquidó a tres personas en 2004; ha tenido puestos claves en esa delegación y hoy es un hombre cercano, como lo muestran fotos y conversaciones con López Obrador, quien lo ha calificado como un prócer de la honestidad.

A lo acontecido, tres partidos, PAN, PRI y PRD piden que sea destituido y la Asamblea de Representantes que se pronuncia por una investigación de lo que ocurre en la delegación y, sobre todo, de Rigoberto Salgado, el jefe y responsable directo de tan anómala situación.

Ya se escuchan las voces que señalan el desvío de recursos hacia las arcas de Morena y se muestra documentación sobre los negocios que deja la extorsión, el pago de piso, la prostitución, el robo a transeúntes y a casas habitación. La delegación huele mal y en su despliegue, llega hasta el campus de Ciudad Universitaria donde la venta de droga florece en ciertas escuelas.

La muerte del líder de la banda o cártel, Felipe de Jesús Pérez, llamado El Ojos, no ha sido agradecida por nadie. Por el contrario, además de las protestas de sus seguidores, todos motorizados en los extraños vehículos, ha derivado en pintas amenazantes, retos a la autoridad y se está a un paso de la insurrección. Los ahora dolientes quejosos argumentan que ese individuo les proporcionaba trabajo y comprensión.

Sí, una especie de Robin Hood o Chucho el Roto al que decían querer y respetar. Ídolos de esta pasta es lo que genera la desigualdad, pues con la bandera de un mejor reparto de los recursos se alientan formas de vida donde el abandono a la legalidad es lo primero que surge, después afloran las complicidades menores hasta llegar a la defensa de una supuesta ideología que tiende a estar por encima de todo.

El dato preocupante que asoma la nariz está en el hecho de que la capital, al igual que cualquier parte del territorio nacional, está manchada por los grupos delictivos. Ya no hay ni paz ni resguardo.

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Twitter: @RaulCremoux

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