Opinión

Los mercados divorciados: el por qué de la incongruencia

 
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Los índices de los mercados accionarios americanos se ubican en máximos históricos, mientras que la tasa de los Bonos del Tesoro de largo plazo se sitúa en mínimos históricos. Esto parece ser una incongruencia mayúscula. ¿Por qué se da este fenómeno?

¿Qué nos están diciendo los mercados?

En un entorno normal, si los mercados accionarios están marcando nuevos máximos históricos, implícitamente esto nos estaría reflejando que las expectativas sobre el crecimiento económico de largo plazo son positivas, lo que implica que las empresas pueden estar reportando buenos resultados en los siguientes trimestres.

Dentro de la normalidad tradicional, si las expectativas de crecimiento económico son optimistas, los mercados de deuda, en congruencia, deben de ir descontando mayores presiones de inflación, y por lo tanto mayores tasas de interés en el futuro, lo que implicaría que los precios de los bonos deberían descender, mientras los precios de las acciones aumentan.

En otra perspectiva, viéndolo como flujos de recursos, es normal que en la medida en que el dinero sale de los bonos, tirando su precio, entra a las acciones, empujando sus cotizaciones al alza. La caída de los precios de los bonos tiene como contraparte el alza de sus rendimientos.

Todo lo contrario se da, dentro de la normalidad, cuando las expectativas económicas se deterioran; los inversionistas se salen de las acciones y canalizan sus recursos a los instrumentos de deuda. En los precios, las acciones bajan, mientras que los bonos suben, lo que se refleja en una caída sincronizada de las cotizaciones accionarias, y en las tasas de rendimientos de los bonos.

En las últimas semanas, aún después del Brexit, hemos visto una importante recuperación de los mercados americanos, y al mismo tiempo, los precios de los bonos están aumentando, llevando las tasas de rendimiento de los mismos a niveles muy bajos, nunca antes vistos. Hay una fuerte distorsión en estos mercados.

Pero esta distorsión se observa también en otros mercados, en las divisas o en otras clases de activos, alrededor del mundo. Por ejemplo: El yen ha sufrido una impresionante apreciación, a pesar de que el Banco Central de Japón lleva más de dos años creando yenes como nunca antes lo había hecho, precisamente para devaluar artificialmente al yen, y de esta manera ganar competitividad en sus exportaciones al abaratar los costos de sus productos.

Viéndolo como flujos, estamos observando ahora una importante afluencia de recursos financieros hacia los bonos soberanos japoneses, lo que ha llevado sus rendimientos al absurdo. El bono a 10 años paga -0.30% anual. Es decir no produce nada, más bien cuesta. Disminuye el capital en el tiempo. Lo sorprendente es que esto sucede con la deuda del gobierno más endeudado del mundo. Tal apreciación del yen genera expectativas de que el Banco de Japón podría anunciar próximamente una ampliación de su programa monetario. Es decir podría crear más yenes a mayor velocidad para evitar una mayor apreciación del yen, que ya cotiza a 100 por dólar.

Los precios de las materias primas están subiendo a pesar del deterioro de las expectativas de crecimiento global, y de la apreciación del dólar.

El Brexit está acabando con las correlaciones entre los distintos mercados, apoyándose en las expectativas de una mayor distorsión monetaria global. Las tasas negativas y la abundante liquidez creada generan desplazamientos de recursos hacia refugios que inclusive ofrecen rendimientos negativos.

Es previsible que el Banco de Inglaterra va a tener que bajar su tasa de referencia hacia el 0% cuando los signos de recesión aparezcan materialmente.

Aún con el fabuloso dato de la creación de 287 mil puestos de trabajo del mes pasado en Estados Unidos, las probabilidades implícitas en los swaps de un incremento en el objetivo de la tasa de Fondos Federales por parte de la FED para julio o septiembre siguen siendo muy bajas.

En el caso de los mercados mexicanos, le comento que la correlación del precio del petróleo con el peso mexicano se ha invertido. Ahora baja el crudo y baja el tipo de cambio. Todo lo contrario a lo que sucedía tradicionalmente. También estamos viendo valuaciones exageradamente altas en el mercado accionario a pesar del incremento de las tasas en pesos.

No se puede seguir abusando de las políticas monetarias para corregir las deficiencias estructurales y la reducida actividad económica. La solución está en las reformas estructurales y en la política fiscal. Pero los gobiernos se niegan a utilizarlas por los costos políticos que implican. Y más difícil es plantearlas ahora, ante una ola de antiglobalización que corre por el mundo.

Twitter:@EOFarrillS59

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