Opinión

Los locos que hay en el Congreso

09 octubre 2013 5:2

 

¿Cómo es posible que faltando tan sólo 8 días para que eventualmente se presente una crisis financiera que podría generar una nueva recesión mundial, los mercados estén relativamente tranquilos?

 


 

Hablo desde luego del riesgo de que llegue el fatídico jueves 17 de octubre, en poco más de una semana, y el Tesoro de Estados Unidos nos anuncie la inimaginable noticia de que ya no tiene para pagar a sus acreedores.

 


 

Las bolsas ya empezaron a caer un poco pero aún no se respira un aire de preocupación y urgencia para actuar frente a una de las mayores amenazas que ha tenido la economía mundial en los últimos años.

 

 

La razón es muy simple. La mayor parte de los inversionistas suponen que los políticos actúan y actuarán bajo los principios de la racionalidad y por lo tanto, dada la magnitud del desastre que se produciría si no se ponen de acuerdo, acabarán llegando a un convenio que por lo menos dé más tiempo para alcanzar una solución de fondo más adelante, como ya ocurrió una vez.

 


 

Hay todos los elementos para que ese argumento sea creíble… siempre y cuando los políticos actuaran en función de la realidad, es decir, que conecten adecuadamente las relaciones de causa y efecto de la vida económica y social.

 


 

El problema es que hay una especie de políticos, como algunos de los que forman en el Congreso el llamado Tea Party, la corriente más conservadora de los republicanos, que piensa que Obama está trayendo el socialismo a Estados Unidos con el llamado “Obamacare” y en su escala de valores, prefieren hundir a la economía norteamericana en una crisis financiera y una recesión, antes que permitir que el “socialismo” se instale en Estados Unidos.

 


 

De hecho ven positiva la crisis si eso va a significar que los demócratas pierdan la Casa Blanca.

 


 

Desde luego que no les importa si además de Estados Unidos, otros países, como México, son arrastrados por los norteamericanos.

 

 

Si fuera un puñado de excéntricos, no habría mayor problema, pero cuando se trata de una corriente que tiene capacidad de inclinar la balanza entre los republicanos (aunque sean sólo alrededor de 50 representantes) entonces hay riesgos reales.

 

 

Y, del otro lado, si el gobierno de Obama acepta que se descarrile su reforma sanitaria, prácticamente quedaría como un gobierno “lisiado” durante el resto de su administración.

 


 

Estamos, además, en el punto en que cada una de las partes calcula que la otra va ser la primera en ceder y que por lo tanto puede estirar un poco más la liga.

 

 

El cierre del gobierno, que cumplió ya su primera semana hábil, fue la primera muestra de que aun hasta lo inconcebible puede ser viable en este escenario de conflictos doctrinales.

 

 

Hace un par de días ya hubo banqueros que pusieron un signo de advertencia a propósito de la propuesta que surgió de pagar algunas cosas, como los intereses de los bonos y no otras, como la Seguridad Social. No se evitaría la crisis.

 


 

La realidad es que la erosión de confianza en el papel de la deuda norteamericana que una suspensión de pagos acarrearía sería tan brutal, que sería irrelevante si se pagaran intereses o no.


 
 

La funcionalidad de los mercados financieros en su conjunto se pondría patas arriba y habría un alto riesgo de parálisis en los flujos de todo el sistema.

 


 

En dado caso, los inversionistas que hoy están seguros de que habrá un acuerdo dictado por la racionalidad y por eso se mantienen con serenidad en los mercados, serían los primeros en huir con pánico.


 

 

Y, cuando hay una corrida así, en realidad ya no hay mucho que hacer, sino guarecerse donde se pueda y tratar de sobrevivir a la tormenta.


 

 

Son muchas horas las que aún restan para el fatídico 17, esperemos que sean las suficientes para que los locos del Congreso… de EU, vuelvan a la racionalidad.

 

 

Twitter: @E_Q_