Opinión

Los “Llanero Solitito”, Kemosabi y el Inadem

En 1933 nació el personaje radiofónico estadounidense “Lone Ranger”. En nuestro país, ya como serie televisada, llegó precisamente como “El Llanero Soltario”.

El vaquero debía haber nacido en México para abonar en la larga lista de surrealismos nacionales una muestra más de la paradoja típica mexicana,  porque el tipo ni era Llanero (en estricto sentido se le dice llanero a quien ocupa de cuidar ganado en los llanos de Colombia y Venezuela, en los espacios intertropicales de la Cuenca del Río Orinoco), ni era solitario porque invariablemente se hacía acompañar en sus aventuras justicieras de un nativo Potawatomi que en Estados Unidos llevaba por nombre “Tonto” y que para su fortuna a nuestro territorio llegó como “Toro”.

El segundo (Toro) acostumbraba referirse al primero (El Llanero) como “Kemosabe, derivado en “Kimosabi” con los años. El término, parece, deriva de un campamento en Mullet Lake Michigan llamado “Ke Mo Sah Bee”. La traducción al castellano la refieren como “amigo leal, buen amigo”.

Los actores de aquella serie, el caballo blanco del Llanero, de nombre “Silver”, el de Toro, el guionista y muchos de los televidentes de esa serie están más de tres metros bajo tierra o cremados. Hoy los jóvenes y otros que ya no lo somos solemos bromear con lo de Kimosabi. Los más nunca vieron el programa que se transmitió entre 1949 y 1957,  y más en México. A pesar de ello el término sigue siendo útil para hacer bromas.

Enrique Jacob Rocha, Presidente del INADEM, se ha referido a los emprendedores como esos “solitarios” para los cuales el camino del emprendimiento es una cuesta empinada y árida de información respecto a dónde están los apoyos a su ingrata voluntad de emprender.
Son, como diría el actor Enrique Cisneros, del Grupo Cleta, un “Llanero Solitito”.

Y para que dejen progresivamente de estarlo o al menos de sentirse fuera de cualquier compañía, articuló el INADEM, por mandato del Jefe del Poder Ejecutivo, una “Red Nacional de Apoyo al Emprendedor”.

Que el columnista recuerde nunca se dio formal banderazo a la inauguración de esta red que, como se anunció el pasado jueves, cuenta ya con un grupo de mentores altruistas representados por empresarios exitosos o exejecutivos de grandes empresas capaces y en voluntad de tutelar el camino de las Pymes o emprendedores por el mero gusto de ayudar.

La Red de Apoyos al Emprendedor concentra a nivel nacional 99 programas públicos o privados en atención a emprendedores o micro, pequeñas y medianas empresas. Ellos derivan de 65 programas específicos del sector público articuladas por 23 dependencias del sector gubernamental en sus distintos ámbitos de responsabilidad.

Veintiseis empresas privadas colocan 34 programas de utilidad en favor de emprendedores y MiPymes, desde servicios específicos hasta descuentos por servicios.

Digamos que, tomando en cuenta su antecedente anterior, esta red nunca había estado más robusta.

En la labor de atender a empresarios o posibles emprendedores se notificaron 240 mil visitas a Internet, 3 mil llamadas telefónicas, 10 mil 200 diagnósticos de habilidades y 2 mil diagnósticos de gestión. Todo esto desde que inició la red.

La Red se apoyará en 400 centros de atención o sucursales, o bien, en servicios remotos en posibilidades de ser extendidos tanto por el portal del INADEM como de un call center (01-800-7INADEM).

En provincia cuentan 26 redes estatales y 51 delegaciones o subdelegaciones de la Secretaría de Economía. Están listas 6 redes estatales más a incorporarse a la brevedad, con lo que todo el país estará cubierto con esta gama de servicios puestos en varios puntos entre los cuales destacan los antes llamados centros o módulos México Emprende, que se comenzaron a levantar en el 2009, un 17 de julio, inaugurados en dos centros: uno de ellos en la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción y otro en las instalaciones de Canacintra nacional.

Los Centros o Módulos México Emprende, en síntesis, no rindieron los frutos que de ellos se esperaba. Se pretendía que fueran autosuficientes y a la hora de retirar recursos públicos la voluntad se les hizo chiquita a muchos beneficiarios y no hablo de las empresas Pyme, sino de los locales en donde los centros fueron ubicados.

En lo que refiere a las Cámaras empresariales, los empleados de ellas, en ausencia de empresarios o emprendedores como dictaba la intención, acabaron tomando las oficinas, de muy buen gusto y nada baratas, que el Fondo Pyme pagó.

Muchos empleados de Cámaras se ven muy monos operando dentro de ellos. Nunca tanta ineficiencia o mediocridad había pensado tener oficinas tan “cucas” (bonitas).

Son ellos, los empleados de los organismos de servicio empresarial, quienes primero se “montaron” en los CME. Se despacharon con la cuchara grande.

Pero no se puede culpar de lo anterior a Enrique Jacob Rocha, quien hace un esfuerzo por recomponer y darle utilidad a una infraestructura importante en la que ya se invirtió mucho dinero y se gastaron esfuerzos para que cumplan sus funciones históricas de apoyo y vinculación.

El presidente del INADEM desea darle un giro histórico a estos Centros que ahora tienen por nombre Centros para Mover a México.

El nombre es lo de menos si estos puntos de atención a emprendedores y a micro y pequeños empresarios funcionan y aportan lo que la Red de Apoyo al Emprendedor pretende.

El esfuerzo no es menor y nunca ha sido poco trascendente apoyar a la célula básica de cualquier economía. Por más que los fanáticos al tamaño (lo grande es bello) piensen que los negocios chicos no valen mucho, son la esencia económica nacional, lo que la familia a la sociedad y lo que el municipio a la Federación.

Ojalá esta intentona por reimpulsar los Centros para Mover a México, luego de resultados cortos de su anterior historia, tenga éxito.

Correo: direccion@universopyme.com.mx