Opinión

Los límites del pensamiento

   
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Límites del pensamiento. (Shuterstock)

Economistas, estudiosos del cerebro, el comité que otorga el premio Nobel, millones de lectores de sus libros. Todos coinciden en considerar a Daniel Kahneman como uno de los pensadores que más han revolucionado nuestra forma de pensar sobre el pensamiento. Pionero de la Economía conductual (Behavioral economics), Premio Nobel de Economía en 2002, querido y admirado por quienes han trabajado con él. Estudioso incansable de los sesgos cognitivos, afirma que la felicidad es un término que debería caer en desuso, porque es tal su complejidad, que convendría encontrar modos más elaborados de describir el bienestar. Que buena parte de las decisiones no tienen que ver con nuestros cálculos sobre los resultados de una elección u otra, sino con nuestros deseos, con lo que nos parece interesante, hermoso, adictivo o aquello que despierta nuestra curiosidad. Todas las cosas que son irresistibles y que “decidimos” perseguir. El mito de la racionalidad como la piedra angular de la civilización es acotado por Kahneman, al describir los principales sesgos que afectan la toma de decisiones:

1. El miedo a la pérdida: o aversión al riesgo. Muchos deciden pensando en no perder, sin considerar lo que pueden ganar.

Por ejemplo cuando usted se conforma con un trabajo que no le gusta hacer a pesar de tener otra oferta de algo más interesante, por miedo al riesgo, por miedo a perder lo ganado. Porque no puede enfocarse en lo que puede ganar si elige cambiar.

2. El efecto de apropiación: le damos más valor a las cosas solo porque son nuestras. Sobran historias de malas decisiones financieras que la gente hace por motivos sentimentales, aferrándose a negocios o propiedades en ruinas, solo porque son suyos.

3. Prejuicio de retrospectiva: frente a los resultados, cambiamos el recuerdo de lo que pensábamos antes.

Si una decisión tiene un efecto negativo, la tendencia es “recordar” que ya sabíamos que saldría mal.
Hoy mucha gente dice haber pronosticado el triunfo de Trump. Nadie quiere ser el tonto que declaró que eso era imposible. Es preferible recordar falsamente a enfrentar el error.

4. El efecto de anclaje: quedarse con la primera información sin compararla y tomar una decisión a partir de ella.

Usted va con su hija adolescente a comprarle pantalones. Los primeros que ve son los elegidos, pero cuestan 5 mil pesos. Usted intenta convencerla de que puede encontrar algo lindo por mucho menos dinero, pero no la escucha y tampoco quiere comparar. O cede y se gasta un dinero absurdo, o se vuelve sordo frente a los reclamos.

Kahneman nos invita a pensar en nosotros mismos y en los demás, en función de dos yoes: el que yo que experimenta y el yo que recuerda. Son completamente distintos. Muchas de las experiencias (600 millones de momentos aproximadamente en toda una vida) serán ignoradas sin dejar rastro. Porque solamente recordamos algunas experiencias, porque significaron cambios, porque fueron importantes o porque tuvieron un final feliz o trágico. Somos capaces de recordar algunas experiencias una y otra vez dejando fuera millones de momentos, porque le damos más importancia a los recuerdos que a las experiencias. El yo que experimenta vive en el presente. El yo que recuerda vive en el pasado y toma decisiones futuras con base en recuerdos de experiencias pasadas.

Es posible que en buena medida, tengamos menos bienestar y disfrute por ser incapaces de conservarnos con toda la atención puesta en las experiencias presentes. Pero así es cómo funcionamos. La memoria es una respuesta inmediata a las experiencias. Somos contadores de historias, las que recordamos y las que inventamos.

Puede ser que haya alguna utilidad en dudar de nuestros recuerdos y de la precisión de nuestra memoria. Muchos pleitos espantosos se alimentan de los recuentos obsesivos del pasado, para determinar quién tuvo razón, quién profirió la peor ofensa, quién empezó a abrir la brecha del silencio y del abandono.

Nuestro aparato de pensar es bastante defectuoso, nos dice el premio nobel de Economía. Este hecho puede llevarnos al pesimismo, pero mejor sería que nos encamine a la humildad al saber que nuestra la capacidad racional para pensar, reflexionar, evaluar, recordar y decidir, es limitada.


Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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